Paisajes sonoros para los oscuros pozos del alma

Guitarrista y compositor del popular grupo británico Radiohead, Jonny Greenwood da el salto al cine de Hollywood de la mano de Paul Thomas Anderson (Magnolia) tras una experiencia previa en el documental (Bodysong). De formación académica y versatilidad demostrada en sus coqueteos con la vanguardia (óiganse sus arreglos para OK Computer o Kid A), Greenwood retoma en este portentoso score, árido y sombrío como el espléndido filme al que acompaña, composiciones preexistentes para formación orquestal, en concreto de su Popcorn superhed receiver, auténtico tour de force para instrumentos de cuerda cuyo lenguaje se emparenta con la estética y las técnicas contemporáneas de Penderecki, Messiaen o Gorecki. Disonancias sostenidas, agresivos staccatos, pizzicatos de vocación percusiva y texturas extrañadoras conforman un denso paisaje sonoro que, aliñado con Ondas Martenot, guitarra eléctrica y piano, añade una profundidad inusitada y una nueva dimensión a la particular lucha contra sus demonios del personaje de Daniel Day Lewis. Estamos ante una de las bandas sonoras más impactantes que hemos escuchado en mucho tiempo, dentro y fuera de la película.

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