Relato breve

  • Se pretende con el Parque de los Cuentos crear una institución única dedicada a la promoción del cuento y de la literatura oral

Para hablar del concurso de ideas de arquitectura y museografía para el Parque de los Cuentos en el Convento de la Trinidad de Málaga, fallado el pasado mes, habría que armar un pequeño relato y con él, apostar por una actuación de la Consejería de Cultura que, cuanto menos, ilusiona: arquitectura y museografía unidas de la mano para hacer ciudad, revivificar nuestro patrimonio y promover con la tutela del cuento, la lectura y la literatura oral.

La historia trata de una plataforma uniforme y abstracta, un tablero, sobre el que aparecen situados el cuerpo del antiguo convento y una larga y estrecha crujía; además, un agujero abre el interior de esa plataforma cerca de una de las esquinas del edificio.

Los tres elementos parecen jugar a imaginar que ocurrirá en la futura vida del convento y los espacios que lo contornean. ¿Se convertirán en un bosque de casitas de chocolates y arboles de caramelos, será un enorme patio de juego infantiles o tal vez en un parque temático para maquetas de monumentos andaluces? Ésa es otra aventura que habrá de contarse alrededor de alguna mesa de un estudio lleno de serpentinas e imaginación.

Ahora lo hacemos de la propuesta ganadora, de la oportunidad de construir un Parque de los Cuentos aprovechando las instalaciones envejecidas del antiguo convento malagueño, de aunar lo construido con los vacíos disponibles en la parcela para conformar un nuevo paisaje urbano. Así, disponiendo buena parte del programa funcional bajo la plaza elevada de nueva creación, se quiere dotar a la ciudad de una nueva oferta museográfica, enriquecer su sistema de espacios libres y, al tiempo, conseguir que el convento entre a formar parte de esta escenografía de manera relevante. Pero hay más, existe la clara intención de alcanzar un conjunto de efectos sobre quien lo visite que la memoria recoge elocuentemente al afirmar que: "El visitante deberá llenarse de emociones y vivencias de todo tipo a lo largo de su recorrido por el Parque". Quizás para ello sea muy importante entrar bajo el suelo.

Efectivamente, bajo este suelo proyectado se orada un espacio interior -lleno de la magia y el misterio que inundan los escenarios de tantos cuentos- configurado como una gran cúpula iluminada cenitalmente desde la que se orientan los diversos registros del museo, como origen de una experiencia distinta latente en cada visita propuesta. A partir de este gran vestíbulo, lugar abierto y expectante a múltiples convocatorias, se abren las cuatro salas adyacentes que lo rodean, que "no son sino ecos del claustro original y de sus cuatro galerías perimetrales"; pero también aquí se anuncian otros relatos entre voces y palabras familiares: volúmenes secretos, arquitectura de efectos que acompañan a niños y mayores en el disfrute de la nueva lectura o la tradición del cuento: ese relato breve de sucesos ficticios y carácter sencillo que no es sino la elaboración narrativa de la experiencia espacial acumulada sabiamente por la vida humana.

Toda esta arquitectura parece sustentada en una extraña simetría posibilitada por el despliegue espacial de la imaginería que acompaña habitualmente esos cuentos a la que está dedicada. Como si abriéramos las tapas duras de esas páginas plegadas -que en ese movimiento se convierten en dragones flameantes, globos volantes o paisajes montañosos-, el proyecto pliega entre sí las formas existentes con las propuestas y en sus intersticios impele a que acontezca la exposición participada de los relatos.

Y entre ellos, uno que se figura cabalísticamente en torno al número cuatro y en el que, quizás, se refugie una clave esotérica del proyecto. Porque como las galerías del convento, "cuatro son también las principales tareas arquitectónicas: investigar, crear, representar y construir. Como cuatro son las principales actividades que se proponen en relación con la palabra: escuchar, leer, contar y crear. Y en definitiva, cuatro deberían ser los objetivos de este Parque de los Cuentos: provocar, motivar, suscitar e inducir el deseo a la lectura", se oye desde la memoria que informa la propuesta

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