Rock a dentelladas

  • El trío gaditano El Lobo en tu Puerta acaba de publicar 'Grabaciones sumergidas 2015', un contundente documento de la fiereza de su rock enraizado en el 'blues' áspero y primitivo.

A nadie se le escapa que el directo, el escenario regado con sudor y espontáneos incendios, es el ámbito natural y más propicio para la música que hace El Lobo en tu Puerta. Ruidosa, abrasiva, física, primitivista y por momentos hasta cochina, directa a las tripas mucho antes que a la cabeza. Sus propio integrantes admiten que en estudio hay por fuerza "alguien que nos amaestra las canciones, el sonido, el volumen, los detalles"; pero eso mismo, a la postre, acaba por realzar el mérito de un álbum como Grabaciones sumergidas 2015, producido por Juan Antonio Mateos y editado hace poco -una rareza en un catálogo de rarezas exquisitas- por el siempre aventurero sello sevillano Knockturne Records.

"Venimos de un proyecto anterior con otras personas y en el que hacíamos algo totalmente diferente. Al acabarse ese proyecto, decidimos descansar una temporada tras la cual nos reunimos y empezamos a hablar de hacer algo nuevo pero desde un punto de partida diferente", dice este trío con base de operaciones en Chiclana y compuesto por Tanín (batería, guitarra, coros) y Búho (guitarra, batería, coros), viejos conocidos de la escena gaditana curtidos en mil batallas, para hacer bueno el cliché, además del considerablemente más joven Julio F. Cordero (voz, theremín, armónica). Responden a nuestro cuestionario los tres a la vez, "comunalmente".

"Queríamos partir de la idea de limitación: sólo íbamos a ser nosotros tres, y nadie más. Eso nos llevó a la formación de guitarra, batería y voz-armónica. También teníamos claro que el vocalista, al venir del hip-hop, no podía caer en la fórmula rap-con-guitarras. De modo que la idea básica era partir de una estructura de blues, pero deformándola, añadiéndole un toque punk y otro de rock, para acabar llegando a un sonido propio", explican sobre el planteamiento inicial de este proyecto en torno a la fiereza, en el que pueden percibirse desde ecos de los Beastie Boys de su etapa más temprana en vena hardcore (Manny Pacquiao) hasta guitarras de sonido en la onda del stoner rock o riffs a degüello bastante próximos al metal, pero sin perder nunca de vista el mood del blues enfebrecido, elemental y crudo de Howlin' Wolf, de uno de cuyos temas emblemáticos (The Wolf is at Your Door) tomó prestado de hecho el trío su nombre.

"Representaba muy bien la tensión de las primeras canciones que íbamos sacando en el local de ensayo -continúan-. Y en nuestro árbol genealógico todo parte realmente de él, de su forma de hacer música, de su energía, de su rugido. Aparte de Howlin' Wolf, hay una línea que ya está marcada y que nosotros quisimos seguir: los Stooges o Black Sabbath, por ejemplo, son dos referentes que tuvimos también siempre en mente y que al fin y al cabo son casos de trayectorias musicales diferentes pero ambas orbitando, en un principio, en torno al blues. Y a partir de ahí, bueno, intentamos aportar nuestro toque personal a ese concepto. En el que por otro lado está todo pensado cien por cien para tocar en directo, otra cosa es que un grupo tenga que grabar para poder dar directos...".

"Siempre partimos de un riff de guitarra que traen Tanín o Búho y eso determina quién toca la batería y quién la guitarra en ese tema. Sobre ese riff, improvisamos y vamos grabando lo que va saliendo. Solemos respetar la frescura de las ideas iniciales, normalmente lo que surge en las primeras sesiones es lo que acaba siendo la canción final", dicen. De esa misma manera intuitiva surgió La canción del lobo, la que cierra el intenso y estupendo disco con un aire distinto y notablemente reposado, entre guitarras acústicas, armónica y percusión mínima, un momento para el reposo del guerrero con mecedora, porche y bourbon en taza metálica suplicando por un poco de amor. ¿Es este vislumbre un mero contrapunto al resto del disco o sugiere, en cambio, posibles caminos susceptibles de futuras exploraciones? "Es más bien una cabezonería. Es nuestra forma de decir que no sólo podemos hacer ruido; que hacemos ruido pero podríamos hacer otras cosas si quisiéramos. También es una forma de dejar claro el origen del concepto del lobo, que es el blues. Pero ha sido algo ocasional...".

De la contundencia de El Lobo en tu Puerta pudieron dar fe, por ejemplo, los espectadores que acudieron a la última edición del Monkey Week en El Puerto de Santa María, donde arrollaría a los menos avisados mientras confirmaba las expectativas en torno a su aún reciente pero ya rotundísima reputación. "El feeling siempre es bueno, de hecho jamás pensamos que la gente iba a bailar y pegar botes en nuestros conciertos. Al ser el concepto inicial del grupo tan personal, tan para nosotros, la verdad es que ni siquiera nos planteamos nunca vernos ante un público. Pero el caso es que hemos podido ir comprobando que cada vez que tocamos hay mucha gente que repite. Y ellos son, claro, la manada", afirman sobre las óptimas sensaciones de sus primeros pasos.

Queda una duda, sin embargo, y parece imposible de resolver, aunque casi con toda seguridad no hay nada que deba resolverse. ¿Son conscientes los tres miembros del grupo del hecho de que la propia radicalidad de su sonido limita bastante, ya de inicio, el tipo y la cantidad de público a la que pueden aspirar? ¿Mola, en serio, ser un grupo de culto, es decir, adulado por unos pocos y desconocido para casi todos? En última instancia, se trata de saber qué grupo se quiere ser... "Para empezar, correr es de cobardes. No pretendemos hacer ninguna carrera con esto. Nosotros mismos pensábamos al principio que nos iba a costar trabajo llegar a un público más amplio, pero para nuestra sorpresa, como decíamos, a cada concierto que damos viene más gente. Lo que importa, en todo caso, es que ya somos el grupo que queremos ser, y a partir de aquí todo lo que venga... se verá".

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