Cine

'Sevillanas' y 'Flamenco': el ritmo, la luz

  • Un 'pack' reúne al fin las ediciones remasterizadas de dos títulos esenciales del cine musical español

Con el paso de los años, y al margen de su gran cosecha de premios internacionales, Sevillanas (1992) y Flamenco (1995) se han asentado y madurado como dos de los filmes más importantes del cine musical español, dos clásicos indiscutibles del documental musical moderno, dos esenciales muestras de las posibilidades estéticas de un encuentro entre el folclore andaluz y la caligrafía depurada del lenguaje cinematográfico.

Dirigidas por Carlos Saura, producidas por Juan Lebrón, iluminadas por José Luis Alcaine y Vittorio Storaro y protagonizadas por la nómina más impresionante de artistas del flamenco y la música popular andaluza jamás reunidos en un mismo proyecto, las dos películas forjan un novedoso y ascético modelo de ensayo musical cinematográfico, un formato (esbozado en anteriores musicales de Saura -Bodas de sangre, El amor brujo, Carmen- y asumido pronto como referencia de posteriores proyectos del director aragonés: Tango, Salomé, Iberia o Fados) que coreografía visualmente la música y el baile sin más artificios y pretextos que los de la propia confrontación de la esencia de lenguajes que parecen traducirse y alimentarse unos a otros.

En las imágenes autoconscientes (la tramoya y el discurso, siempre visibles) de Sevillanas y Flamenco se inscribe toda una búsqueda formal de sincronías, ritmos, compases, desplazamientos, luces y tonalidades a través de una puesta en escena que juega con la relación musical y la coreográfica entre los rostros, las figuras en movimiento y fuga, los espejos y los espacios limpios y despejados de la escenografía de paneles translúcidos. Pero de ellas emerge también el registro, un documento testimonial único, la Historia. Aquí están algunos de los más grandes artistas del flamenco, la danza y la canción popular española, muchos de ellos ya desaparecidos: Camarón de la Isla, Paco Toronjo, Manuel Pareja Obregón, Lola Flores o Rocío Jurado aparecen en Sevillanas en el esplendor, la esencia y la madurez de su arte, despojados de cualquier otra connotación (tópica) que no sea la de su talento natural y su expresión singular expuestos de manera frontal y pura ante la cámara.

Las dos películas nacen de un concienzudo trabajo de investigación y recopilación de las diferentes tradiciones, escuelas y modalidades de las sevillanas y el flamenco, desde sus formas más arcaicas y populares, algunas casi en vías de extinción, a sus desarrollos y fusiones más contemporáneos. Las secuencias o tableaux de Sevillanas integran así tradición y modernidad en una síntesis que puede leerse en clave histórico-enciclopédica, pero también en una nueva y original dimensión estética a través del peculiar tratamiento audiovisual que imprimen la mirada personal de Saura, la luz reflejada de Alcaine (ahora al fin visible en todos sus matices en esta edición restaurada), el minimalismo escenográfico de Rafael Palmero y el elegante y dinámico montaje de Pablo del Amo. El ritmo ancestral de las corraleras de Lebrija, los aires de feria que recrea una portentosa Rocío Jurado, el impresionante desafío a cámara de una Lola Flores convertida en figura trágica, la mirada perdida del último Camarón o el vuelo del mantón de Matilde Coral al son de los acordes minimalistas del piano de Manuel Pareja Obregón son ya momentos imborrables de un filme que ha adquirido con el tiempo una inusitada dimensión testamentaria.

Como variante sobre un mismo modelo escenográfico, ubicado esta vez en la antigua estación de Plaza de Armas, la estructura y la modernidad de Flamenco vienen dictadas por la intensidad del ciclo dramático de la luz del día (del atardecer al alba, recreando los colores de la tierra, el fuego, el agua, el aire y la energía) creado por el maestro Storaro. Bajo este arco lumínico-narrativo se suceden 20 secuencias que escenifican los diferentes palos, estilos y modos del arte flamenco en la voces, el toque y baile de veteranos y jóvenes promesas, ortodoxos y heterodoxos, clásicos y modernos: Morente, Menese, Mercé, La Paquera, Mario Maya, Matilde Coral, Carmen Linares, Chocolate, Farruco, Fernanda de Utrera, Manzanita, Ketama, Agujeta, Toronjo, Aurora Vargas, Remedios Amaya, La Macanita, Chano Lobato, Rancapino, Potito, Duquende, Paco del Gastor... unidos por primera y tal vez última vez en esta obra que Ángel Fernández Santos quiso ver "filmada de rodillas, conscientes los filmadores de su imposibilidad de superar lo que miran y arman formalmente".

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