Solistas barrocos junto al hogar

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Componentes: Vicente Parrilla, flauta dulce; Jacobo Díaz, flauta dulce y oboe barroco; Rafael Ruibérriz y Guillermo Peñalver, flautas traveseras barrocas; Luis Castillo, fagot barroco; Miguel Rincón, laúd; Alejandro Casal, clave. Programa: 'De la madera, los vientos': obras de Johann Christian Schickhardt, Johann Friedrich Fasch, Jean-Baptiste Loeillet, Georg Philip Telemann y Joseph Bodin de Boismortier. Lugar: Patio de la Casa de la Provincia. Fecha: Lunes 3 de diciembre. Aforo: Casi lleno.

Extraordinario y original concierto camerístico el que ofreció ayer la Orquesta Barroca de Sevilla dentro de su abigarrada temporada de este año. Un grupo de siete solistas, que en espíritu podían considerarse comandados por Guillermo Peñalver como único representante de la OBS desde su misma fundación, se acercó a un repertorio singular pensado para los instrumentos de viento por cinco compositores nacidos en la década de 1680 (la década prodigiosa del Barroco tardío, pues vio nacer entre otros nada menos que a Telemann, Rameau, Scarlatti, Haendel y Bach).

Fue música escrita principalmente para los numerosos músicos diletantes surgidos en la Europa de la época (sobre todo, en Gran Bretaña), que se difundió lo mismo en el ámbito doméstico que en los cafés y las novedosas sociedades de concierto. Música de gusto en esencia galante y de carácter básicamente italiano (aunque en Boismoriter se cruzan también los aires franceses) que buscaba por encima de todo el entretenimiento de intérpretes y oyentes.

Ese carácter de cercanía y calidez, de gozo y divertimento, estuvo muy presente en la interpretación de este grupo de solistas, que propiciaron diálogos poco frecuentados entre flautas dulces y traveseras, salvaron con absoluta propiedad y limpieza los pasajes más virtuosísticos (el fagot en el Cuarteto de Telemann extraído de su célebre Tafelmuisk) y plantearon un discurso general de líneas ondulantes, ni cortantes ni pesadas, con un equilibrio muy medido entre las partes y un bajo continuo flexible, en el que el fagot empastó admirablemente con las flautas y el laúd aportó bellísimas notas de color. En este contexto, en el que el detalle dominó sobre las grandes líneas, el oboe no previsto originalmente en el Quinteto de Boismortier sirvió para potenciar el contraste de timbres.

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