Crítica de Cine

Temporada(s) de caza

Agnieszka Mandat-Grabka, en una imagen de la película. Agnieszka Mandat-Grabka, en una imagen de la película.

Agnieszka Mandat-Grabka, en una imagen de la película.

Cuando su trabajo en las series norteamericanas (The Wire, Tremé, House of Cards) le deja tiempo, la veterana realizadora polaca Agnieska Holland (Europa, Europa, El jardín secreto, Vidas al límite) regresa a casa para darle una vuelta a los asuntos locales. El problema es que lo hace ya con los modos y el chip televisivo demasiado incorporado a su gramática audiovisual.

Una buena prueba es esta Spoor (El rastro) en la que se dejan sentir los mimbres de una narrativa embrionaria para ser desarrollada en un modelo serial y episódico, muchos tics de dirección efectistas y funcionales y la innegable influencia de películas y series como Fargo o, salvando enormemente las distancias, Twin Peaks, a la hora de recrear una pequeña comunidad rural (en las montañas de los Sudetes) atravesada por los atavismos heteropatriarcales, la cultura de la caza (también la furtiva), las supersticiones y un submundo oculto y criminal que saldrá a la luz gracias a la tenacidad idealista de su protagonista, una vieja y excéntrica profesora (Agnieszka Mandat-Grabka, dándolo todo) de espíritu ecologista, animalista y hippie empeñada en frenar la deriva salvaje de su entorno.

Apoyada en una estructura narrativa estacional, Spoor va dejando cadáveres a su paso buscando anular las distancias entre lo animal y lo humano en una operación demasiado dispersa y sin un tono definido que convierte el hormigueo de personajes, historias personales y trama detectivesca en una pieza de humor negro y denuncia social que no termina de cuajar ni en una dirección ni en otra.

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