Crítica de Flamenco

Voz dulce y letras afiladas

Melodías amables y letras afiladas. Jeromo Segura, acompañado de un elenco de lujo, presentó las nuevas composiciones de Juan Carlos Romero, las que conforman el último disco del cantaor onubense. Nuevas composiciones a ritmo de tangos por partida doble, alegrías o bulerías en donde la fórmula consiste en inventar nuevas melodías para los consabidos estribillos. También escuchamos cantes autóctonos como las tonás de Alosno y el Cerro o las seguidillas primitivas. Lo que más me gustó fue la seguiriya de los Puertos con la que Segura evocó al Niño de Barbate. Es un cante pulcro y evanescente que se aleja del espíritu habitual de este cante para hacerse más sombría que trágica. Otro momento emotivo llegó con la minera, por lo que significa este cante para un ganador de la Lámpara Minera. Se juntaron dos primeros premios de La Unión cuando Rocío Márquez cantó los tangos que dan título al disco y las bulerías Toma mi sombrero. También acompañó Márquez al grupo en la vibrante ronda de fandangos. Por guajiras recordó Segura, en un número muy rítmico, a Marchena y Valderrama en tanto que en el tango porteño el baile directo y trepidante de Leonor Leal arrancó una ovación.

Jeromo Segura es una de las grandes voces del cante actual: dulce, sentimental, con un gran sentido del ritmo. No estuvo tan fluido como en él es habitual, quizá por tratarse de un repertorio nuevo. La calidad de los intérpretes merecían una puesta en escena más limpia, también en lo musical, con un par de números, incluido el baile, que hubieron de hacerse sin megafonía.

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