Un belén que bate plusmarca

  • El espectacular belén situado en la Plaza de España y su recorrido por los primeros años de la vida de Jesús, con detalles históricos y de la vida cotidiana.

Uno de los principales objetivos de la creación del belén ha sido humanizar a todos sus protagonistas, desde Jesús, María y José al resto de personajes históricos. Se quiere mimar hasta el más mínimo detalle y sus figuras así lo demuestran, teniendo en cuenta el origen humilde de los protagonistas.

Son tres las escenas que se recogen bien diferenciadas unas de otras. El primer gran escenario lo constituye Nazaret. La ciudad de donde eran originarios María y José. Un pueblo enclavado en una escarpada montaña cuyo principal elemento característico son las casas blancas adornadas con celosías y construidas con piedra y revoque. En esta primera parte se pueden apreciar escenas de la vida cotidiana, así como diferenciar la carpintería donde trabajaba José, la fuente de María, la divulgación del edicto de empadronamiento y, finalmente, la Anunciación.

Cuenta la historia que, como fruto de ese empadronamiento, José y María se vieron obligados a abandonar Nazaret. Es ahora cuando comienza el segundo escenario de la representación. Los hechos ocurren en Belén, aquel lugar en el que la Virgen María pronto dará a luz. Como tal el belén representa un símil del poblado en aquella época: el lavadero donde se acercaban las mujeres a limpiar la ropa, un pastor acompañado de su rebaño, niños jugando... Al fondo se divisa la ciudad de Jerusalén, con las murallas que protegen el templo y el palacio de Herodes. Todo ello anuncia que cerca se encuentra el lugar más importante de Belén; aquel lugar donde se produjo la escena principal, el nacimiento del Mesías en un establo.

La tercera y finalmente la última etapa es una representación de Egipto, tanto la fertilidad del Nilo como sus desiertos. En esta escena Jesús, María y José se paran a descansar bajo dos grandes palmeras junto a las tiendas de los beduinos, ya a salvo de la amezana de Herodes, que ponía en peligro la vida de Jesús. Una escena evoca un puerto egipcio en la desembocadura del río Nilo, y para ello se utilizan 2.500 litros de agua. Desde allí se exportaban productos que al puerto romano de Ostia.

El principal eje de esta obra escultórica ha sido resaltar su parecido con la época y encuadrarlo en el mejor ambiente posible. Para ello sus idearios no han dejado pasar detalle por alto.

De tal manera se pueden observar: un reloj de sol a la entrada de Belén ornado con dibujos hebreos; la mezuzah, que era una pequeña capilla que se colocaba en las fachadas de las casas; la réplica exacta de una calle de Nazaret, o los silos de una rica casa egipcia, entre otros. La construcción de este Belén es un trabajo laborioso en el que han participado más de 30 profesionales, cuidando todo al más mínimo detalle y a la vez la perspectiva desde la que se contempla.

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