De cicatrices y alambiques

  • Àlex Rigola lleva al Central su versión de 'Vania'

  • The Rat Pack ofrece un viaje a los bares de la Ley Seca

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Dice Àlex Rigola que en los últimos años venía sintiéndose "incómodo" en el teatro, ya fuera viendo obras ajenas o montadas por él mismo. "Es como si nos hubiéramos estancado en un teatro de texto que infantiliza y reduce a los personajes. Deberíamos encontrar un camino en el que intentemos no engañar al espectador. El teatro no consiste en imitar la realidad, que además es imposible, sino en lograr una verdad escénica, y eso sólo se puede conseguir acercándolo a nosotros mismos, propiciando el encuentro con personas en toda su complejidad y no con personajes", defiende el dramaturgo y director catalán, viejo conocido del Central, al que regresa este fin de semana con Vania. Escenas de la vida, una personalísima adaptación del clásico de Chejov.

Como hizo ya en Ivànov y Who is me. Pasolini, que se vio la temporada pasada en este mismo teatro, Rigola, durante años enfant terrible oficial de los escenarios nacionales que ahora se confiesa mucho más aplacado, se propone ir al encuentro de la verdad destilada, esa aspiración tan antigua, por otro lado, como el mismo teatro. Para ello, vacía el escenario a la manera de un Peter Brook y ubica a los intérpretes y al público dentro de una gran caja donde no llegan los ecos de la Rusia rural del original chejoviano; y una vez delimitado ese "no-tiempo y no-lugar", desdibuja los límites entre los actores y los personajes a los que prestan sus cuerpos, silencios y temblores en la voz. Todo ello ante sólo 60 espectadores por función, "un lujo", reconoce, "que merece la pena permitirse". Casi sobra decir que las entradas para los dos pases, como señaló Manuel Llanes, responsable artístico del Central, están "agotadísimas".

Nos hemos estancado en un teatro de texto que infantiliza y reduce a los personajes"

Se trata aquí, en fin, de acceder a esa suerte de santuario de la intimidad compartida. "No se sabe dónde termina el actor y dónde empieza el personaje, porque aunque las palabras son de Chejov, las cicatrices que muestran son verdaderas. Nos están contando sus vidas, esto que lo tenga por seguro quien venga, aunque lo hagan a través de historias que no les han pasado literalmente. Hay un evidente reflejo de sus propias experiencias", dice Rigola sobre el "desnudo emocional" que protagonizan Ariadna Gil, Irene Escolar, Luis Bermejo y Gonzalo Cunill. Ellos cuatro encarnarán a las abatidas criaturas que descubren, a ciertas alturas del camino, que han tomado esa curva desde la que todo adulto ve y comprende ya que tiene más vida gastada que tiempo por delante.

Y los que les pasa a los cuatro es lo que le pasa a cualquier hijo de vecino: que la vida, ay, no es como se la habían contado, y mucho menos aún como la habían soñado. "Eso tenemos que aceptarlo. Todos. Y eso les pasa a los cuatro. Es como ver a una persona a la que se le ha salido un hueso. Como hay que seguir adelante, qué hacemos: volver a meter el hueso en su sitio. Y a partir de ahí ya nos recomponemos. Pero eso implica mucho dolor", explica Rigola. Ese momento de dolor, construido con jirones de anhelos, frustraciones y sentimientos reales, más allá del escenario, más allá del pacto tácitamente aceptado (o no) de representación convencional, es lo que quiere transmitir este Vania despojado hasta el tuétano.

En un registro mucho más lúdico, durante el fin de semana se podrá ver también, en la sala principal del teatro, Speakeasy, de The Rat Pack, creada por miembros de la compañía XY, gran referencia del llamado nuevo circo en Europa. Mezclando acrobacias "al servicio de una dramaturgia y con sentido coreográfico", como explica uno de sus integrantes, Xavier Lavabre, la obra supone una inmersión en el imaginario clásico del cine de gángsters, pero filtrado por la experiencia de un grupo que se crió viendo películas de Scorsese y Tarantino. En un escenario que evoca un típico bar clandestino durante la Ley Seca, los intérpretes -sin pronunciar una palabra: hablarán sus cuerpos- dan vida a una serie de arquetipos -el capo, la pin-up, el chico de los recados, el guardaespaldas, el camarero...-, homenajeando tanto a ese viejo mundo de alambiques escondidos, matones irancundos y femmes fatales, como al lenguaje y a los usos del cine -el zoom, el flash-back, el rebobinado de las viejas cintas caseras de VHS...-, que los seis intérpretes recrearán con movimientos y técnicas de circo.

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