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"Un clásico es un trabajo bien hecho"

  • El artista francés recupera su tono más sombrío con 'Carmen', revisión de la obra de Merimée con su protagonista libre de tópicos y reivindicada como arquetipo del feminismo

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Referente de su oficio en Europa y responsable, en gran medida, del renacimiento editorial de los libros ilustrados, Benjamin Lacombe (París, 1982) cuenta a sus seguidores por legiones. En estos días ha presentado por Andalucía su nueva obra, Carmen, revisión en clave gótica del clásico de Merimée.

-¿Qué le hizo decidirse por Carmen, la oportunidad de recuperar la esencia original del personaje o la de convertirlo en todo un icono pop contemporáneo?

-Siempre he sentido fascinación por el personaje de Carmen, desde que lo conocí cuando, a mis diez años, mi madre me llevó a ver la ópera de Bizet. Pero el origen de este proyecto tiene que ver con mi editorial en España, Edelvives. Reparamos en que nunca habíamos hecho un trabajo directamente: mis libros aparecen primero en Francia y luego Edelvives los publica en España, así que vimos la posibilidad de hacer algo directamente para el público español y de inmediato creíamos que lo oportuno era adoptar una temática española. Poco a poco, la opción de Carmen me parecía la más consecuente: hablamos de un autor francés, Merimée, que ya había abordado una temática española y que me permitía aportar mi visión particular sobre el personaje. Lo importante de Carmen es que trasciende todas las obras de las que es protagonista como la ópera y las novelas que se han escrito sobre ella. De hecho, creo que Merimée no llega a entender la relevancia de que Carmen fuese distinta a todas las mujeres de su entorno, que se quisiera posicionar a la misma altura de los hombres, que fuese una mujer totalmente libre. Imagino que todo esto le infundía al autor un auténtico terror, además de que Merimée, como escritor del siglo XIX, no pudiese vaticinar el alcance simbólico que llegaría a tener su personaje en el siglo XX. Para mí, Carmen es ante todo el arquetipo del feminismo: tiene una presencia libre y absoluta.

-¿El hecho de que todo el mundo tenga una imagen en su cabeza de Carmen representaba un factor en contra del proyecto?

-Sí, en realidad es difícil trabajar con cualquier mito que tenga más o menos de cien años de vida. Digamos que pesa mucho más la reacción del público, la posibilidad de que piensen que la Carmen que yo ofrezco no es la que habían idealizado, o simplemente imaginado. Todas esas expectativas dificultan la posibilidad de aportar un toque fresco, pero al mismo tiempo refuerzan la sensación de sorpresa. Merimée creó a Carmen como un personaje inalcanzable, y eso también lo complica todo a la hora de aproximarse a ella. Cada vez que empiezo un libro nuevo imagino un personaje y a través de sus acciones voy desarrollando la trama; pero con Carmen no había manera de detenerme en una sola mujer, así que para recrearla tuve que hacer una combinación de tres mujeres distintas. Y funcionó.

-¿Le preocupaba la persistencia en España de Carmen como hito folclórico?

-Sí. Es más, sin el respaldo de una editorial como Edelvives nunca me habría dado por hacer esta Carmen. Para mí era importante trabajar con españoles que tuvieran un conocimiento profundo de la cultura de su país para huir precisamente de todo ese folclore, de la visión más inmediata de Carmen. Y Edelvives me puso al alcance las personas idóneas. El resultado es muy gótico: en cuanto a los colores, he huido de los rojos y naranjas que suelen emplearse para ilustrar a Carmen y he apostado por el carmín, el negro y el violeta. Por supuesto, esta Carmen no lleva castañuelas ni peineta, sino que viste una mantilla de manera libre, sobre el pelo suelto. Sobre la mantilla, hay un juego de palabras muy curioso que no se puede reproducir en español: en francés, la palabra mantille resuena a mantis religiosa: la figura femenina que acaba aniquilando a la masculina. De hecho, cuando lees entre líneas a Merimée parece que describe a Carmen como si fuese un animal peligroso. Por eso, en este caso, me parecía oportuno mantener el texto original de Merimée.

-Y curiosamente la estética gótica casa muy bien con el original. ¿Podemos hablar de un homenaje al romanticismo?

-Así es. Más aún, a menudo olvidamos que la narración de Merimée es muy sombría. Carmen no es sólo una mujer libre: también es una prostituta y una asesina. Es ciertamente un exponente del mito romántico sobre el amor llevado más allá de la muerte.

-¿Le ha sugerido algún lector un Romancero gitano de Lorca después de esta Carmen?

-No. Eres el primero.

-Ahí también cabe una reivindicación más allá de lo folclórico.

-Hay muchos proyectos sobre personajes y autores españoles que queremos desarrollar con Edelvives. El trabajo con Carmen me ha permitido conocer mejor España, he aprendido mucho, pequeños matices que si no eres español se te escapan sin remedio. Estoy muy interesado en la cultura española y quiero dedicarme a ella.

-Con una bibliografía tan amplia en tan poco tiempo, ¿cada nuevo libro se hace más fácil o más difícil que el anterior?

-Más difícil, sin duda. El reto de hacer algo diferente te ofrece menos margen. Pero fíjate, con Carmen he vuelto a hacer algo sombrío de manera muy natural. Tras la publicación de los Cuentos macabros hace diez años di un giro radical a mi forma expresiva y amplié mi paleta de colores hasta llegar a la cima que significó Frida. Libros como El herbario de las hadas y Los superhéroes odian las alcachofas presentaban una amplia gama de colores, pero mi estilo primigenio era más oscuro. Ahora, con Carmen y con la segunda entrega de los Cuentos macabros, que se publicará dentro de poco, he podido cumplir mi deseo de volver a mi registro original. La diferencia es que ya llevo en la mochila todo lo aprendido con el color. Si te digo la verdad, sólo en los dos volúmenes de Alicia y en los dos de Cuentos macabros he tenido la sensación de que pisaba terreno firme, de que manejaba la situación. Y eso que los dos volúmenes de Alicia eran muy distintos entre sí. Con Cuentos macabros volverá a suceder, por cierto. Dentro de poco publicaré también un artbook a modo de retrospectiva de mi obra que voy a titular Curiosité. Creo que la curiosidad es lo que me define como creador y lo que me lleva a un cambio constante.

-¿Han cambiado mucho sus referentes en estos años?

-No cuento entre mis referentes e inspiradores a otros ilustradores. Más que nada, porque hacerlo sería como comer del plato de otra persona. Mis principales fuentes de inspiración son el cine, la fotografía y la pintura clásica. Durante muchos años mantuve casi toda mi atención puesta en Leonardo Da Vinci, en el Quattrocento y los primitivos flamencos.

-¿Cómo le gustaría verse a sí mismo en el futuro?

-Me gustan los clásicos. No renunciaría a convertirme en uno de ellos, aunque pueda sonar presuntuoso. Pero, ¿qué es un clásico?

-¿Una obra compartida por muchos a lo largo del tiempo?

-Tal vez. O quizá se trate tan sólo de un trabajo bien hecho.

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