La epidermis y el genio

Los conjuntos de viento fueron extremadamente populares en Centroeuropa durante la segunda mitad del siglo XVIII y los primeros años del XIX. Para ellos (habitualmente octetos formados por parejas de oboes, clarinetes, fagotes y trompas con o sin añadido de un instrumento de bajo) grandes y menos grandes compositores escribieron música de divertimento o arreglaron obras dramáticas para darlas a conocer en el ámbito doméstico. Mozart entre ellos. Su Serenata K 375 tiene en efecto ese aire de ligereza y de encanto rococó de muchas de sus piezas menores (si puede hablarse en esos términos al referirse al salzburgués), pero la K 388 es obra absolutamente mayor, una joya que este conjunto fundado hace un par de años por Joan Enric Lluna jugando en el nombre con su apellido y la familia instrumental de su clarinete, ofreció como centro de un programa que se completaba con divertimentos recién descubiertos de Vicente Martín y Soler, el músico valenciano rival de Mozart en Viena.

Música arreglada de sus óperas (en especial de la más conocida de todas, Una cosa rara), algo epidérmica la de Martín y Soler, que MoonWinds, que acaba de grabarla en disco, trató de animar potenciando los contrastes dinámicos y enfatizando los juegos de timbres. El conjunto sonó equilibrado y compacto toda la noche, con prestaciones solistas de primer nivel (apenas algunos apuros, con roces menores, de las trompas no parecen suficientes para rebajar el juicio) y una más que notable claridad polifónica, que se hizo profunda hondura en el Andante de la K 388, una obra cerrada de forma exultante con un rondó con variaciones absolutamente magistral.

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