El filo crítico del arte

  • El grupo Agustín Parejo School unió vida y creación buscando la calle y no los ámbitos sacrosantos

Diseñar una línea de modas a partir de la Sábana Santa, abrir una campaña electoral (fuera de fecha) en Fuengirola o sustituir la escultura del Marqués de Larios por la de El trabajador (que aparece a la espalda del prócer) fueron algunas de las iniciativas de la Agustín Parejo School, que durante una década realizó en Málaga un arte urbano con ecos del dadá berlinés. Apenas se sabía quiénes eran: aparecían sólo sus nombres de pila, a veces abreviados. Tampoco formaban un grupo organizado: si tenían algo que decir, se reunían en un piso de la calle Agustín Parejo, proponían, debatían y hacían. Renunciaban así al aura del autor: la iniciativa era colectiva, sin un yo, doliente o triunfante, con ínfulas de genio.

Sus propuestas eran además precarias: trabajaban sin preocuparse de la permanencia de la obra. Importa reseñarlo porque en esos años brotaban perspectivas antes insospechadas: ayuntamientos y autonomías ansiaban el prestigio del arte, se abrían centros y museos (Reina Sofía, IVAM), empezaba ARCO y en el horizonte brillaban los fastos del 92. Pero estos amigos, estudiantes y entusiastas del arte, buscaban la calle, no la galería, el museo o la institución.

Uniendo arte y vida, insistieron en la crítica-arte tocando a todos allí donde les apretaba el zapato. Observaron en los mítines, durante la Transición, la profusión de banderas rojas, hoces y martillos, señuelo ilusorio para la izquierda e infundado temor para la derecha. Por ello decidieron, vestidos con mono y casco, hacer una gran pintada con caracteres cirílicos y correr hacia el muelle a recibir, decían, a un buque ruso. A esto añadieron un mural con banderas donde el rojo se interrumpía con alusiones publicitarias a la Costa del Sol, y la hoz y el martillo, en amarillo brillante, emulaba al astro rey. Añadieron otras dos banderas, las del Málaga y el Betis, con las mismas herramientas. Todo ello se expuso con el título Du côte de l'URSS. Unían así la vieja propaganda soviética (agit-prop que convirtieron en agit-pop) con la publicidad turística, despertando además, en el título, ecos de Proust y en las banderas de fútbol, los de Daniel Buren (dejo al lector que juzgue hoy el alcance profético de la obra).

La propuesta sobre la Sábana Santa tenía sin duda resabios volterianos y era también un puyazo a la moda que aprovecha cualquier mito con la mayor impunidad, pero apuntaba sobre todo a otra falsa ilusión: la creencia de que, culminada la transición con la mayoría absoluta del PSOE (eso se decía entonces), este país se había hecho de pronto moderno. A esa idea, tan repetida, la Agustín Parejo School opuso lienzos blancos (supuestos fragmentos de la mortaja) con grandes mortuorias. En una, podía leerse, "Versailles, Postdam, Disneyworld", tres hitos de la historia de Europa (falta de ortografía incluida), y en otra, "El noventa y ocho, el veintisiete y el yes very well": todo un diagnóstico sobre nuestra recién nacida modernidad.

El proyecto más complicado fue en principio el único institucional. Para la Expo del 92 se programaron distintas intervenciones en la provincias andaluzas y la de Málaga se encargó a los Agustín Parejo School, que propusieron retirar al Marqués de Larios de su pedestal y sustituirlo durante un tiempo por El trabajador, también realizado por Benlliure. La negativa municipal no debió ser consecuencia de los costes de la operación ni del zumbón obrerismo de la idea (el modelo de El trabajador fue un torero, Mazzantini), sino la memoria de la Segunda República, cuando se hizo la misma operación pero con una variante: Larios fue arrojado al mar. Dado el rechazo, la idea quedó en una muestra de documentación, alguna pintada y una octavilla con una etiqueta de Ginebra Larios, alterada: Gin Larios se cambió por Sin Larios.

Mucho más duro que este proyecto fue el realizado en torno a la muerte de Rafael Delas Aizcorbe, supuesto miembro de los Comandos Autónomos Anticapitalistas que en 1984 fue tiroteado por la policía en el puerto de Pasajes. Falleció a consecuencia de los impactos de una escopeta de caza con cañones recortados: de los 21 impactos recibidos, 12 eran mortales. En la muestra puede verse la obra de Agustín Parejo School: una reproducción en gran tamaño de la silueta del informe forense con la localización de los impactos y debajo, un título: San Sebastián; ¿alusión al legendario mártir asaeteado o a la cercana ciudad, sede del gobierno civil de Guipúzcoa?

Las obras del grupo Agustín Parejo School no desaparecieron. Las buscaron los museos, el Reina Sofía y el MACBA, incorporándolas a sus colecciones. Ahora pueden verse en La Cartuja junto a otras que habían conservado aficionados (más que coleccionistas) a esta manera de mostrar el filo del arte.

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