Dos grandes y una joven compañía

Compañía nacional de Danza. Director Artístico: José Carlos Martínez. Coreógrafos: Jiri Kylian ('Sleepless' y 'Petite Mort') y Mats Ek ('Casi-Casa') Intérpretes: Agnès López, Alexei Mañe, Elisabet Biosca, Erez Ilan, Kayoko Everhart, Lucio Vidal, Jessica Lyall, Francisco Lorenzo, Mar Aguilló, Daan Vervoort, Nandita Shankardass, Rodrigo Sanz, Isaac Montilor. Lugar: Teatro Central. Fecha: Viernes, 16 de mayo. Aforo: Lleno.

Noche importante para la danza la que se vivió anoche en el Teatro Central, por un lado por la presencia de la Compañía Nacional de Danza, y por otro, por el estreno que ésta ha querido hacer en Sevilla de una nueva pieza, creada en 2009 por el sueco Mats Ek -presente anoche en el Central- para la Cía. de Danza Contemporánea de Cuba.

La velada la completaban otras dos piezas de Jiri Kylián, otro grande de la coreografía y buen colaborador de la CND desde su época Duato. La primera, Sleepless (creada en 2004), se inspira en las hendiduras que el artista Lucio Fontana hace en la piel de sus cuadros; como las que aparecen en la cortina de piel que divide el escenario en diagonal y que, junto a la música futurista de Dirk Haubrich, nos sugiere un mundo oscuro e inquietante en el que caben todas las prisiones y todos los escapes, con todas las posibilidades de relación simbolizados en sus tres espléndidos duetos. Los mismos -cada uno con su calidad de movimiento y su temperatura- que sobresalen en Petite Mort (1991), pieza con música de Mozart en la que el neoclasicismo del checo se tiñe de una hermosa sensualidad.

Y por fin llegó Casi-Casa. Con ella, la docena de magníficos y jóvenes bailarines que la CND ha traído a Sevilla, cambia la corsetería por un vestuario más colorista y asume un lenguaje más contemporáneo y desenfadado que, sin descuidar la técnica, alterna dúos llenos de ternura con escenas de grupo en las que la danza se llena de movimientos cotidianos, de miradas que exigen respuesta y de una enorme expresividad. Con el Cullberg -que Ek dirigió durante años- en la memoria, la pieza se llena de humor -incluso macabro- y de guiños: a Magritte y a Hopper, al sueño americano de los sesenta... Un disfrute para el aficionado.

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