Los 'menús a la carta' de los toros

  • La exigencia de un peso mínimo para la lidia en el Reglamento de 1917 fue el detonante que obligó a la utilización sistemática de los piensos

Desde los albores de la ganadería de bravo, en el siglo XVIII, a nuestros días, la evolución en la alimentación de las reses bravas ha variado ostensiblemente. En aquellos tiempos, cuando nacen las ganaderías fundacionales, los toros únicamente comían lo que se criaba en la dehesa donde pastaban. Incluso se pensaba que el pienso inducía a la mansedumbre. Según un estudio del veterinario Julio Fernández Sanz, asesor técnico de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, en los albores de la cabaña brava, "los toros se lidiaban relativamente delgados, con edad próxima a los 8 años y generalmente tenían que realizar largos traslados a pie y recuperarse de los viajes… El establecimiento del peso mínimo en el reglamento de 1917 fue el detonante que obligó a la utilización sistemática de los piensos".

La explotación ganadera ha sufrido una transformación enorme que afecta incluso al trato de las reses. Así, antaño, según Fernández Sanz, "los mejores pastos se destinaban para los toros de saca -los que se lidian-, los medianos para vacas y eralas y los peores para cabestros y añojos. Sin embargo, las crecientes exigencias de peso, volumen, duración y resistencia en la lidia, obligaron a los ganaderos a modificar los criterios de selección morfológica y de comportamiento, a modificar el sistema de cría y a facilitar una suplementación en forma de pienso a los toros, para alcanzar el desarrollo adecuado y el alto rendimiento físico que la lidia demanda. La calidad de los pastos no permite obtener el desarrollo exigido a los toros y novillos que se lidian en festejos mayores, ni resistir la lidia que por lo general, suelen tener menos extensión, pasando a destinarse los mejores pastos para las vacas y los intermedios para añojos y erales".

Para cada ganadero son fundamentales los cultivos y productos con los que se crían sus reses. Así, tendrá que jugar con esos elementos para aportar en los piensos las carencias y equilibrar la alimentación. El pienso destinado al ganado bravo es natural y está compuesto por elementos nobles, todos de origen vegetal, nunca animal. Ésta alimentación está compuesta por un 50 a 60 por ciento mínimo de cereales, entre ellos, fundamentalmente, avena, cebada y maíz y trigo; leguminosas (habas, yeros, garbanzos, guisantes, altramuces, soja -producto importado de Estados Unidos-, etcétera), correctores vitamínicos derivados, que ayudan a mejorar la presentación del toro (brillo del pelo, desarrollo y dureza de los cuernos, etcétera) y antiácidos. El pienso es complementado con la ración del alimento que encuentra el toro en la dehesa (paja, heno, ensilaje o pasto en su caso).

Con el pienso no sólo se ayuda a los toros, sino también a los novillos e incluso a las vacas. En el caso de las vacas, cuando llega un invierno crudo y no hay pasto en condiciones, se les ayuda con forrajes, como alfalfa en rama o paja).

La mitad de los ganaderos suele comprar el pienso. Pero la otra mitad suele fabricarlo en su finca, con elementos que se crían en su dehesa para conseguir el equilibrio oportuno. Es decir, preparan menús a la carta para sus toros.

El pienso también varía si es para un cuatreño a punto de lidiarse, que suele comer de 5 a 7 kilos, o un novillo utrero, 3 a 4 kilos. Y por supuesto, cada toro come una cantidad diferente.

Entre los que se fabrican su propio pienso se encuentra Eduardo Martín Peñato, presidente de la Asociación de Ganaderías de Lidia, quien afirma: "Siempre hay que pensar en qué nutrientes le faltan a tu pasto. En mi caso elaboro el pienso no tanto por un ahorro económico -cuesta 0,36 euros el kilo-, cuyo costo se puede reducir en un 10 por ciento al evitar intermediarios, sino para que el pienso contenga todos los nutrientes necesarios". Por su parte, Eduardo Miura, presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, dice que ha desistido en la fabricación de un pienso propio para sus temibles miuras: "Antes hacíamos nuestro propio pienso. Ahora utilizo granulado Sander. El gasto de un kilo de pienso para un cuatreño debe andar entre 0,30 y 0,31 céntimos. Lo dejamos de hacer porque es un engorro".

Para abaratar costes, un grupo de ganaderos de la zona de Jerez ha constituido una cooperativa, que elabora el pienso para sus reses.

Entre las curiosidades, cabe destacar que los toros, al igual que las personas, tienen una alimentación distinta según la zona geográfica donde pastan. Así, a reses bravas de Levante y Aragón, en comarcas con mucha huerta, se les alimenta con frutas y derivados, aprovechando su bajo coste cuando hay excedentes. Este tipo de alimentación se aplica únicamente con las vacas; nunca con el toro. Así, entre esa dieta especial e impensable, se puede encontrar a una vaca brava degustando tomates o pimientos.

Por otro lado, la figura del veterinario especialista es cada vez más frecuente en las ganaderías de lidia españolas, donde desde los mayorales a los últimos vaqueros se sacrifican diariamente en el terreno de la alimentación para conseguir que los toros bravos, en muchos casos gracias a menús a la carta, se conviertan en inmejorables atletas para la lidia.

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