Crítica de Música

Las nuevas noches árabes

El repertorio básico de este grupo son los estilos tradicionales del flamenco, del que hacen una particular recreación con largas variaciones instrumentales. Se trata de llevar las melodías jondas a la rítmica y los instrumentos del norte de África. Hay un punto romántico en la búsqueda de las raíces de Al-Ándalus, que afecta también al vestuario. La puesta en escena, no obstante, es la de un grupo de rock con raíces al uso, con la inclusión de bajo eléctrico y batería. Del repertorio andalusí sólo hicieron en Sevilla un tema granadino que se mantiene hoy vivo en Marruecos, cantado en árabe. Éste fue el único momento en el que la monodía se impuso en el recital. El resto del mismo lo constituyeron composiciones propias por rumbas y cantiñas y versiones, muy particulares como digo, de temas jondos como la petenera, que sufrió alguna alteración rítmica para ser llevada al terreno árabe. También versionaron, con una solemnidad sobrecogedora, la serrana de Pepe de la Matrona así como la bambera de la Niña de los Peines. En su revisión del romancero se acordaron de las versiones jondas de El Chozas en el Romance de Zaide, y del Negro del Puerto en el sobrecogedor de La monja a la fuerza. Por cierto que en su interpretación se pudo ver claramente el parecido musical de este romance con la petenera.

El baile lo puso un jovencísimo intérprete de Trebujena, Juan Tomás de la Molía, muy elegante y técnico que estuvo preciso en bulerías, cantiñas y unos tangos algo rígidos.

El grupo derrocha energía en escena e involucra al público con naturalidad.

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