La paleta nómada de Hervé di Rosa

  • El artista francés regresa a Sevilla, la ciudad donde residió durante cinco años, para saborear sus tradiciones y preparar la gran retrospectiva que inaugura en octubre en París

Viajero incansable, artista inclasificable y extremadamente generoso, Hervé di Rosa (Sète, Francia, 1959) trabaja con artesanos y talleres radicados en las distintas ciudades donde vive, "aunque en Sevilla tuve que recurrir a una francesa que aprendió con los bordadores de la Macarena porque los locales tenían demasiado trabajo para asumir un encargo de arte contemporáneo", recuerda con cariño. Desde que en 1993 comenzara en Bulgaria su Tour du monde, un proyecto que arrancó investigando la tradición de los iconos de dicho país y cuyos resultados presentó ese mismo año en la FIAC de la mano de su galería, la prestigiosa Louis Carré de París, Di Rosa ha desarrollado su obra incorporando a ella los modos de expresión y las culturas tradicionales de cada país que visita, como ocurrió con el bordado en oro sevillano y, anteriormente, con los artesanos y gremios de destinos tan dispares como México, Etiopía, Ghana, Nueva York, Túnez.... Desde 2013 trabaja en Lisboa, donde se instaló tras dejar Sevilla, ciudad donde residió "cinco inolvidables años" y a la que ha regresado para disfrutar de sus fiestas de primavera con su familia y sus amigos locales.

Algunos de esos colegas sevillanos estarán representados en la ambiciosa exposición que Di Rosa inaugurará en París el 22 de octubre y que llevará por título Plus jamais seul (Nunca más solo). Es un proyecto de la Maison Rouge de la capital francesa, que mostrará las series asociadas a su trabajo como artista y comisario desde los agitados años 80 hasta hoy. "Será una muestra en la línea de las dedicadas por la Maison Rouge a las colecciones reunidas por los pintores Arnulf Rainer y Jean-Jacques Lebel. En mi caso, no faltarán piezas de artistas sevillanos que me interesan, como Curro González, Pilar Albarracín y Patricio Cabrera, cuya obra ya presentamos en el sur de Francia dentro de la exposición Fin de fiesta en Sevilla. Será una buena ocasión para que el público parisino conozca otras facetas de su trabajo y del mío, ya que la inauguración coincidirá con la celebración en el Grand Palais de FIAC (20-23 de octubre), la principal feria francesa de arte contemporáneo", explica.

"La muestra será un recorrido bastante subjetivo por mi producción a través de las piezas que he producido y también de las creaciones ajenas que acumulo, colecciono y con las cuales convivo. Así, además de mis pinturas y esculturas de antes y de ahora habrá una selección de personajes de cómic, figurines, juguetes, cerámicas, piezas de artesanía y objetos modestos que he ido recopilando en mis viajes y estancias por todo el mundo, de España a Florida pasando por Vietnam o Camerún".

Hervé di Rosa es también el director del Museo Internacional de las Artes Modestas (MIAM) de Sète, una villa costera del sur francés próxima a Montpellier, donde aún se recuerda como un hito cultural la muestra Fin de fiesta en Sevilla que, comisariada por Curro González, mostró desde otra óptica la vibrante escena sevillana actual.

"Con Fin de fiesta en Sevilla quisimos hacer una apuesta por el arte colectivo, ofrecer una mirada global de un panorama de artistas del mayor interés con independencia de la fama que hubiera logrado cada uno. Fue un empeño singular en estos tiempos donde el mercado eleva a las alturas a unos pocos escogidos, por razones que a veces nada tienen que ver con la calidad, y relega en el lado de la sombra a nombres muy interesantes. Sinceramente, estoy convencido de que los proyectos colectivos van a regresar con fuerza como contraataque en este mundo de individualidad exacerbada y star system", reflexiona Hervé di Rosa.

En estos días en Sevilla, el pintor francés se ha interesado por las exposiciones de Patricio Cabrera en la Casa de la Provincia, "una muestra muy bien organizada y realzada por el diseño de su catálogo", y por la que ha comisariado Pedro G. Romero en Santa Clara, Sacer, el martirio de las cosas, "que funcionaría muy bien en Francia por la originalidad de su discurso y la calidad de las obras reunidas".

Durante las próximas semanas Di Rosa afrontará una agenda frenética en París y en Lisboa pero se marcha feliz de Sevilla tras compartir con su esposa Victoire y sus dos hijas experiencias tan inspiradoras, "en lo artístico y en lo espiritual", como la recogida de la Soledad de San Lorenzo o el regreso del maestro Morante de la Puebla al coso de la Maestranza. A él, como a Joaquín Sorolla, no le gusta pintar la faena, la corrida, sino lo que la rodea: el público, la afición. "Para mí los toros y las procesiones de Semana Santa van muy ligados porque son experiencias basadas en la representación y suponen los últimos vestigios de algo que está en trance de desaparición en esta cultura tan estandarizada. Son momentos fuera del tiempo, donde nunca sabes lo que va a pasar a continuación y donde, como en las corridas, lo mejor es incluso lo que pasa antes: la ilusión de la espera".

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