Crítica de Danza/Cine

Un perfecto ejercicio de estilo

Michèle Noiret es una coreógrafa perfeccionista y, sobre todo, inquieta. Sus trabajos dancísticos han cosechado premios y han obtenido siempre el aplauso del público, incluido el sevillano desde su primera visita al Teatro Central con su pieza In Bethween (2000).

Pronto, sin embargo, empezó a unir su trabajo con el de artistas de otros géneros, a la búsqueda de resultados más enriquecedores. De su colaboración de más de 20 años con el compositor Todor Todoroff tenemos la mejor prueba en este Hors-champ. Con mucho de thriller -entre otras mil referencias-, la banda sonora resulta espectacular.

Desde hace unos años, Noiret se ha adentrado también en el mundo del cine, creando un lenguaje híbrido que el crítico Gérard Mayen bautizó como "danza-cine".

Con una escenografía con aspecto de plató que se transforma continuamente, una gran pantalla y un cámara moviéndose por la escena, Noiret ha logrado un ejercicio que roza la perfección. Los protagonistas: varios espacios de una casa y cinco magníficos bailarines que se deslizan de lo real a lo virtual creando una nueva realidad, más inquietante y artificiosa.

Las partes danzadas, desarrolladas sobre todo al comienzo y al final, son realmente brillantes, con ese uso del suelo (y de la cama) con toques de contact que tanto favorece la sugerencia.

Pero Noiret quiere contar una historia, un hecho que presupone un pasado, un verdugo, relaciones ambiguas y mil fantasmas que no conocemos. Ello supone convertir su danza-cine en danza-cine-teatro y es ahí, en la dramaturgia, en el alargamiento de las escenas, en el rizar del rizo, donde Hors-champ pierde su fuerza, si no la perfección .

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