Un periplo por Grecia

  • Con un tono divulgativo, entre anécdotas y charlas con los lugareños, el periodista Xavier Moret da cuenta del maremágnum de los siglos que constituye la cuna de la civilización europea

grecia, viaje de otoño. hombres, dioses y templos en la cuna de europa. Xavier Moret. Península. Barcelona, 2016. 334 páginas. 17 euros.

Viajar por toda Grecia en un único periplo debe de resultar agotador. Más aún si en la mente del viajero -es el caso de quien nos ocupa- se cruzan el tiempo y la memoria, el ayer ya lejano de la juventud perdida y los años más o menos recientes. Hay demasiado que ver en Grecia. Los dioses del Olimpo seducen, la historia helena aturde y el paisaje griego, siempre cambiadizo, no obedece a un canon preciso más allá del mar azul, las islas turísticas, los monasterios y los bancales de olivos milenarios.

Xavier Moret evoca aquí su primer viaje a Grecia, allá por 1972, todavía bajo la dictadura de los coroneles. Mal que bien, el régimen permitió por lo general que hippies y melenudos hicieran comuna en ciertos paraísos intocados. Uno de ellos era la playa de Matala, en Creta, donde la leyenda cuenta que llegó Zeus a nado, disfrazado de toro, con la joven Europa al lomo, a la que había secuestrado mientras ella recogía flores y a la que fecundó cuando volvió a tomar forma humana. Por entonces aquel viajero llegado a Grecia en 1972 era joven. A los 20 años uno cree -entre otras fantasías- que puede llevarse la vida por delante. Hasta que uno mismo, en lo umbrío de la edad, acaba topándose con el poema de Gil de Biedma y empieza a saber que la vida va en serio.

Tras aquel viaje de iniciación le siguieron otros tantos. El último de ellos llevó a Moret a toparse con la Grecia del trauma y de la quiebra económica. Lawrence Durrell dijo que Grecia te ofrece la oportunidad de descubrirte a ti mismo. En Delfos, donde el oráculo, se lee algo parecido sobre los muros expósitos del templo de Apolo: "Conócete a ti mismo". Son escasas, muy escasas, las ocasiones en las que el turismo masivo le permite al viajero cumplir con semejante tarea. La transustanciación divina del agua en vino puede resultar hasta más sencilla. Pero hay veces en que la dicha amaga con cumplirse en ciertos instantes del periplo griego. En este libro se habla de estos momentos únicos. El ocaso sobre la isla de Folegandros. El espinazo nevado que atraviesa Creta. La mediterraneidad pura de la isla de Egina, tan cerca de Salamina, con sus olivares, almendros, higueras, pistachos. El pequeño paraíso de Kastellorizo en aguas apartadas del Dodecaneso. Los monasterios ortodoxos de Meteora y los del Monte Athos. La pétrea desolación que en Mani, al sur del Peloponeso y en dirección al cabo Matapán, conduce a la negra bocaza del Hades, en cuya entrada mora Cerbero, el perro guardián. La destrucción del paisaje griego es un hecho, puesto que modernizar es destruir en Grecia, como le cuenta el escritor Petros Márkaris al autor, mientras ambos pasean por la destartalada Atenas. Aun así, se sea lector de Byron o no, el mito de Grecia siempre acaba brillando como luz en la tea de los tiempos.

Por otra parte, como sabemos, no hay una sola Grecia que visitar, sino muchas. Decíamos por ello que el paisaje griego resulta asombrosamente dispar. Existe una Grecia del Peloponeso, otra en el Ática, otra en Macedonia de aires balcánicos, otra en la faja central de lo que se entiende por Roumeli. Y luego están las islas, los islarios (Grecia cuenta con 2.000 islas, de las que sólo 170 están habitadas). Los cruceros aterradores atracan en las islas griegas oficiales de las Cícladas (Santorini y Miconos se han convertido en relicarios flotantes). Las islas Jónicas, las Espóradas o las islas del Dodecaneso, fronterizas con Turquía, intentan mantener un inestable equilibrio entre los sazonados mitos, el helenismo y el turismo básico de sol y playa.

Es verdad que la escritura de Xavier Moret no deslumbra como en muchos de los libros escritos por viajeros y autores del canon griego (Patrick Leigh Fermor, el citado Lawrence Durrel, Robert Byron, Bruce Chatwin...). Tal vez el autor no pretende deslumbrar con esa vanitas literaria a la que puede dar pie -pongamos por caso- la contemplación de las ruinas de Mistra, capital espiritual bizantina. Moret opta más por el tono divulgativo, la anécdota, la charla con el lugareño de turno. De este modo se nos introduce en el maremágnum de los siglos y en el inmenso avatar histórico que acontece sobre la simiente de la civilización europea. De la Grecia minoica a la Grecia de los dioses y las leyendas. De la Grecia clásica de Pericles y la Edad de Oro a la Grecia conquistadora de Alejandro Magno. De la Grecia bizantina medieval a la Grecia ocupada por el Turco durante cuatro ominosos siglos (la opresión ejercida por los turcos es una constante en el relato, con la matanza de Mesolongi en 1826 o el sacrificio cretense de 1866 en Arkadi como fechas funestas).

Imposible hablar de Grecia sin referir al romántico adalid de su libertad. "Si soy poeta es porque el aire de Grecia me ha hecho poeta", dijo Lord Byron. El propio Byron, como Lepanto, los juegos en Olimpia o la batalla de las Termópilas entre espartanos y persas no pueden faltar en este cuaderno de viaje. A menudo sucede que el paisaje actual desfigura todo resol legendario (del paso sobre las Termópilas no queda hoy mayor indicación que el irónico rótulo de una gasolinera).

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