"Los políticos deberían ser ejemplares en lo cultural"

  • César Antonio Molina reflexiona sobre arte y poder en su ensayo 'La caza de los intelectuales'

César Antonio Molina dice que no es Jovellanos, a quien quisieron envenenar siendo ministro por sus ideas reformistas, pero el que fuera ministro de Cultura con Rodríguez Zapatero entre 2007 y 2009 siente que se le apartó del Gobierno sin poder trabajar para situar la cultura "como columna vertebral del país". El escritor, que acaba de sacar el ensayo La caza de los intelectuales (Destino), donde reflexiona sobre la difícil relación entre la cultura y el poder a lo largo de la historia y en diferentes países, aseguró que "los políticos deberían ser ejemplares en lo cultural, subir su nivel y presumir de cultura", y puso como ejemplo a Azaña. "Fue fantástico, aunque tuviera pecados, como todo el mundo, pero le pongo como ejemplo de lo que debería ser un presidente. Él no tenía complejo de presumir de cultura".

"Lo normal hoy es que los políticos hablen del partido de fútbol, del equipo del que son, de tenis... y no pasa nada; pero no se oirá decir qué libro están leyendo, cuál recomiendan o qué película han visto. Felipe González habló de Marguerite Yourcenar y descubrió Las memorias de Adriano y eso hizo que lo leyera más gente, Alfonso Guerra habló de Mahler y lo puso en alza. Ojalá otros políticos hubieran hecho esto", se lamentó Molina.

El actual director de la Casa del Lector, en su intenso y ameno nuevo libro, que se abre con Cicerón y pasa por Blanco White, Jovellanos, Spinoza, Ortega, Francis Bacon, Servet, Azaña, Sartre, Camus, Vargas Llosa y otros muchos, habla de los intelectuales perdidos en la política, de los perseguidos por ella, de los que colaboraron con el estalinismo o de los que estuvieron junto al nazismo. Todo ello para explicarse a sí mismo por qué sintió la misma tentación de intentar cambiar las cosas desde el poder. Un "canto de sirenas" que, aseguró, ya no volvería a escuchar porque prefiere cambiar las cosas escribiendo sin parar, como poeta -que es lo que fundamentalmente dice sentirse-, como novelista, periodista y ensayista. Pero el libro lo comenzó a escribir el mismo día que entró en el Gobierno, tras leer un fragmento al azar de un libro del filósofo Francis Bacon que venía a decir que "los hombres que se dedican a la política son extraños de sí mismos".

De ahí tiró del hilo de la historia, de su experiencia y de su memoria y hasta hoy, donde ve, como ya dijo Jorge Semprún, que el poder tiene un sentido "utilitario" de la cultura. "Unos han utilizado la cultura y otros ni siquiera eso", subrayó. "Hoy la cosa es desoladora. Vivimos en una especie de Edad Media baja, una desertización cultural, un caos donde no hay respeto a los maestros, a los intelectuales, a la gente que sabe y que puede opinar. Si no afrontamos seriamente los temas de la educación y la cultura este país va a tener, ya tiene, graves problemas y no sólo en lo económico", advirtió Molina, antes de destacar que, pese a ello, en España hay "una larga lista de intelectuales maravillosos, como Emilio Lledó o Fernando Savater".

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