Las razones de un oyente sordo

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Bipolaridad: la abstracción extrema de las intervenciones en solitario (soleá, tarata) y los estribillos cantables de las piezas colectivas. No consigo contactar con ninguna de las dos vertientes del arte de Rodríguez. La primera me parece intelectual en exceso: veo la complicación técnica, las modulaciones, el riesgo armónico. Pero no escucho la emoción, el sentido musical (puesto que no hablamos de matemática o filosofía). La segunda son canciones amables, música de ascensor, con guiños de complicidad al conjunto, en ocasiones con el recurso de tema-arreglo-variación, que sirvió para que Robles ofreciera réplicas melódicas, o para que el de Utrera diera cuenta de su virtuosismo vocal (en especial en los jaleos, de exigente registro). Me gustó el zapateado a dos con Chico Gallardo, en que estuvieron comedidos y clásicos, sin los excesos técnicos (y, en consecuencia de tiempo) del resto de las intervenciones. Alguien dijo que la música es lo que hay entre las notas, y tengo la sensación de que Rodríguez, en la suya, no deja espacio libre.

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