La ventana

Luis Carlos Peris

Cuánta caspa en la gala de los Goya

SIEMPRE nos confortará la presencia de Belén Rueda, pero hay que ver la falta de encanto que tiene la entrega de los Goya. Parece mentira cómo van vestidos algunos a recoger un premio, que si así van a una fiesta a ver cómo leches se componen para cualquier otro acto más prosaico. Hubo alguno que parecía Marcelino Camacho en el locutorio de Carabanchel, con su jersey de cremallera y su canesú; igualito que como desfilan por la alfombra roja de Hollywood en tarde de óscares... Afortunadamente, ellas iban más en consonancia con lo que se celebraba, pero ¿y el huevo político que los más originales ponen en el escenario? ¿Qué me dice de paridas como la del mejor actor pidiendo la disolución de la Conferencia Episcopal? Lo mejor de todo, la decisión de TVE de dar la gala en diferido, pues a la hora que la retransmitieron hubo muchos que se fueron a la cama sin verla y eso que salieron ganando.

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