Visto y oído

Antonio / Sempere

Desprecio

ME llama la atención la arrogancia con la que muchos, muchísimos periodistas deportivos, están tratando a los chinos desde los preámbulos de estos Juegos. Una arrogancia congénita, una arrogancia que va en el ADN y de la que no se es consciente. Esa es la peor, por arraigada. Ha sucedido todos los días y en cualquier momento de la competición.

El caso de la gimnasia fue emblemático. El día de Deferr fue de libro. Dos periodistas radiofónicos conversaban como si estuviesen en el bar: "¿Y el chino, cómo ves al chino?". "Esos son imprevisibles. Hay que tenerles miedo. Pero Gervi va a ganar". El chino no tenía nombre. El chino era un ser anónimo. Procedía de la región que asoló el terremoto de Sichuán, que afectó a su familia, a la que tuvo que ayudar en periodo de entrenamiento, pero poco importaban los datos biográficos a los periodistas instalados en el discurso del a por ellos.

Por sus voces, por su tono, les asimilaba a aquellos cronistas taurinos que tras una comida opípara en el hotel de turno, que incluye café, copa y puro, se desplazan a ver el evento desde la barrera, siempre desde la barrera. En su vida se han mojado, ni han sufrido ni han pagado una ronda de cafés. Siempre paga el medio. Las dietas. Y si es un medio público, mejor que mejor. Todavía quedan locutores de esa estirpe, y lo que es peor, todavía amamantan cachorrillos con los mismos tics.

Rosa Regás, nada más llegar a la UIMP de Santander, dio un puñetazo en la mesa y llamó al orden. Aquí mucho pregonar medallas, pero en educación somos los últimos, estamos a la cola. Desde luego que con jóvenes comunicadores de café, copa, puro, barriga y barrera, instalados en su verdad inmutable, estamos abocados a la ruina moral. Viendo normal su actitud. Cuidado con el chino.

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