La tribuna económica

Rogelio / Velasco

Finlandia y el populismo económico en Europa

UNA ola de populismo recorre Europa. El partido de los Auténticos Finlandeses ha obtenido casi el 20% de los votos en las elecciones del pasado domingo. En los países bálticos, en Hungría, Suecia y Dinamarca, entre otros, los electores aúpan a partidos nacionalistas y, en algunos casos, xenófobos. En Francia, el Frente Nacional obtiene un 20% de intención de voto. El populismo presenta muchas vertientes, tanto a la derecha como a la izquierda, y puede resaltar aspectos religiosos, étnicos, políticos o económicos. En Finlandia, la emigración representa el 3,5% de la población, algo así como la tercera parte que en España, por lo que no debería ser un problema político.

Ha sido la política de ayuda a los países europeos en dificultades -Grecia, Irlanda y Portugal- la que ha soliviantado los siempre manipulables ánimos de una parte de la población, que considera que cada país debe afrontar en solitario sus crisis. Los ciudadanos -políticos incluidos- suelen aplicar una aritmética muy simple de las relaciones económicas entre territorios. Se suelen utilizar las relaciones fiscales de gastos e ingresos para definir si esas relaciones benefician o perjudican. Si los gastos fiscales en nuestro territorio son mayores que los ingresos, nos beneficia, y nos perjudica si ocurre lo contrario.

Como bien sabemos en España, esa aritmética no sólo se aplica entre distintos países, sino también entre las regiones que los componen. En todos los casos, se ignoran las relaciones económicas privadas -y también las publicas que no son fiscales- que existen entre los territorios, en la mayoría de los casos establecidas hace siglos.

Las relaciones económicas entre territorios no son sólo -ni siquiera fundamentalmente- las que el flujo de ingresos y gastos públicos indican. Lo son, en mucha mayor medida, las que las empresas y particulares establecen a través de los flujos de mercancías, servicios, capitales y movimientos de población. El que favorezcan globalmente o no dependerá de cada caso, pero existirá mucho menor intervencionismo político en ellas que en las puramente fiscales.

Finlandia es un país de cinco millones de habitantes. La apertura comercial y el gran éxito de algunas de sus empresas le ha permitido elevar su nivel de renta mucho más de lo que una política aislacionista hubiese logrado. Sin la UE, no sería nada económicamente. En una unión política o económica, se está para disfrutar beneficios, pero también para soportar costes. No vale apelar sólo a aquellos aspectos de la unión que reporta beneficios a los ciudadanos. Esta posición no significa que cada socio de la unión pueda actuar independientemente, como tampoco es equilibrado juzgar igual a todos los que ahora tienen dificultades.

Pensiones públicas mensuales de 6.000 euros en Grecia son inaceptables, como también lo es el que hayan manipulando las cifras de deuda o del IPC. Pero estas circunstancias no son equiparables al origen de los problemas de Irlanda o Portugal. En el fondo del problema, late la ausencia de una autoridad fiscal federal dentro de un área monetaria que no es óptima, en donde también los países y regiones mas ricas aportarían mas recursos, algo que deben aprender algunas comunidades.

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