Coge el dinero y corre

fede / durán

Libra por libra

CUANDO charla, Louis Wanderlust te clava dos ojos de zorro que son como cepos de alta tecnología. Aunque sonría, maldiga, susurre o declame, al fondo de esos ojos azules palpita la sabiduría de la antropología callejera y comercial. Wanderlust es un hombre espabilado, inteligente y sensato, así que su motor combina los caballos de las buenas ideas con el chasis de las ideas factibles.

En Nueva York compiten aproximadamente trescientos trillones de restaurantes. Algunos posiblemente sólo alimenten a las familias de los propietarios. Aun admitiendo que destacar sea relativamente fácil, lo difícil es mantenerse cuando desaparece la efervescencia de los inicios. El mayor enemigo de un negocio mal concebido es el paso del tiempo. Wanderlust ha estado en mil batallas: zapador de la venta a domicilio, pinche, propietario de una tienda de discos de segunda mano, promotor musical y asesor inmobiliario, su epifanía brotó una tarde de octubre, cuando Brooklyn se enfría y los cielos se agrisan, cuando el café comienza a ejercer su función calefactora, cuando la abulia del verano deja paso a la meditación parcialmente melancólica del otoño.

"Siempre quise montar un restaurante. Uno de esos que la gente recuerda cuando elabora su top 5, cuando aconseja a un amigo o quiere invitar a sus padres tras un ascenso laboral", explica desde el otro lado de la mesa, golpeando tres veces con el índice un cigarrillo americano después de cada calada. Louis disponía de unos buenos ahorros gracias al ladrillo; sólo tenía que arremangarse, y eso fue lo que hizo, aprovechando además sus contactos en cada peldaño del pasado. Conocía a músicos, promotores, cocineros de primer nivel y distribuidores. Básicamente, conocía a medio Brooklyn, una ciudad del tamaño de Madrid. Pagó un plan de negocio. Rehabilitó un fabuloso (por enorme, luminoso y bien insonorizado) local a un suspiro de Bedford Avenue. Apostó por las materias primas (agricultura ecológica, carnes sin hormonas, pescado ultrafresco) y la fusión. Adiestró machaconamente al servicio: camareros profesionales, nada de estudiantes de paso, y un maître carismático, "el verdadero jefe de operaciones". Incluso se permitió contar con una agencia que por una módica tarifa se encargaría de la comunicación durante el despegue (redes sociales, guías turísticas). El rosetón fueron los precios: Wanderlust se encerró cuatro días con su par de ojos perforadores y la auditora del proyecto para someter la carta a un régimen radical de adelgazamiento y desintoxicación. Sabía que de nada serviría el esfuerzo previo si fallaba ahí. Y no falló.

Louis no descubrió la pólvora. De hecho, es probable que cientos de miles de seres humanos hayan imaginado secuencias casi idénticas con resultados dispares. La diferencia está en los matices, en el libra por libra del boxeo. Si despedazas la idea sin romanticismos, si la sometes a las implacables matemáticas, si derrochas profesionalidad y celo y obsesión por el detalle (y el sentido común), entonces tendrás una oportunidad de sobrevivir en la jungla y gritar como Tarzán.

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