HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

Lorca reencontrado

El temor de que se encontraran los restos de García Lorca para convertirlos en reliquias laicistas y pasearlas como símbolo de anticuadas ideas políticas resucitadas nos había causado el rechazo por un poeta que no representa más que a la buena poesía, que es de todos, patrimonio común de mentecatos e inteligentes, de cretinos y sabios. Hacía años que el Lorca aflamencado, el zapateado, las panderetas y las guitarras lloronas acompañando tragedias bailables, no se correspondían con la obra literaria de un escritor español insólito. Había dejado de interesarnos el Lorca parcial y empequeñecido en manos de analfabetos funcionales con cargos públicos. "¡Lorca es de los nuestros!", se atrevió a gritar en el Parlamento andaluz, cuando fue citado por la oposición, una consejera de la Junta, famosa por su probada ignorancia. La ignorancia nunca es un progreso aunque lleve a Lorca por bandera.

Estos días, con la esperanza de que los restos del poeta descansen en paz en un parque ordenado en su homenaje para que la tierra le sea leve, hemos podido decir de nuevo en voz alta los sonetos de amor que sabemos de memoria. Los agoreros, los fetichistas, los necrófilos, "la infame turba de nocturnas aves" que ha querido con su griterío político acallar la universalidad de la obra de García Lorca, callarán un tiempo mientras no encuentran nuevos medios para robárnoslo. Los delirios de Gibson, que ya escribió un artículo contra la llegada de los romanos a España, reposarán una temporada, aunque es difícil que renuncie a su fanatismo lorquiano de converso, a quien unos malos vientos irlandeses trajeron a España para encontrarse con el izquierdismo de salón y usurpar un puesto de historiador. Líbrenos el destino de los conversos, líbrenos de quienes hacen ideología hasta del Santísimo Sacramento del Altar.

Todo este despropósito jaleado por unos legisladores que, en lugar de hacer buenas leyes para que los ciudadanos convivan en paz y solucionen sus conflictos, se meten también a historiadores y legislan sobre la Historia a ver si ganan una guerra civil que provocaron -Lorca fue una de sus víctimas- y perdieron hace más de 70 años, sin ser capaces de derrocar a la dictadura que le siguió. Lorca liberado, Lorca reencontrado para quienes lo leímos en la adolescencia -nunca estuvo prohibido- y nos asombró por la brillantez de sus imágenes, por sus metáforas imposibles, por su mundo particularísimo: "Tengo miedo a perder la maravilla/ de tus ojos de estatua, y el acento/ que de noche me pone en la mejilla/ la solitaria rosa de tu aliento". Volveremos a leer a Lorca después de tantos años, deseándole el reposo eterno de los inmortales, sin perros de la política escarbando en la tierra para comerse sus huesos. Sin banderas ni consignas, sólo con su poesía limpia y deslumbrante, ejemplo de talento, de belleza y de verdad.

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