De todo un poco

enrique / garcía-máiquez

Matrículas y honor

LA pasada huelga en la educación dejó unas imágenes ruidosas. Ha circulado por internet un vídeo en que un apabullante mogollón de jóvenes -banderas, altavoces, sudaderas negras, mandíbulas batientes entre voces y risas, amedrentadoras cámaras de foto, aplausos y jaleo- revientan una clase y abroncan al profesor y a los pocos alumnos que atendían. Impresiona, porque los muchos gritan de todo y los pocos, cabizbajos, lo aguantan todo. Yo, al profesor o catedrático, le veo un mérito más normal, pues, a fin de cuentas, es su trabajo, contará en el claustro con algunos apoyos de otros colegas y le amparaba su bata blanca de científico.

A los que veo un mérito extraordinario es a los alumnos no huelguistas, mayoritariamente alumnas, por cierto. No tanto por no ir a la huelga como por soportar la presión. Que tus propios compañeros te llamen esquirol e hijo de puta y te señalen y abucheen, no es plato de gusto. Al día siguiente te los vas a cruzar por el pasillo, si no es muy temprano.

De no creer en otros valores, a mí siempre me quedaría el valor como criterio moral. Nada me emociona tanto: tiendo a la épica, al menos como espectador. Como sí creo en unos valores inmutables, el coraje, si se emplea mal, no me vale. Pero cuando la valentía es para el bien (en este caso, defender la libertad de ser enseñado), me siento ante la expresión más alta de la dignidad, y hago una sentida reverencia. ¡Bravo por esos alumnos!

Qué difícil ahora el papel del profesor. Lo que le pedirá el cuerpo será dar a todos esos resistentes una matrícula de honor, porque han hecho honor a la matrícula que pagaron, sosteniendo contra viento y marea su derecho a recibir una clase. Pero vencerá la tentación, como haría yo, que también soy profesor. Primero, porque él y esos alumnos saben -lo han demostrado- que lo importante es aprender, esforzándose lo que haga falta, hasta el riesgo. Una matrícula de honor regalada no vale la mitad que un aprobado sacado con todas las de la ley. En segundo lugar, porque uno tiene la fundada sospecha, además, de que esos alumnos empeñados en ir a clase y tomar sus apuntes no necesitarán ayuda extra.

En tercer lugar, porque si alguno de los alumnos manifestantes se merece la matrícula de honor, hay que ponérsela a él, sin dudarlo. Por respeto al derecho de huelga, por supuesto, pero en honor al saber, que es lo único que tendría que imperar en la universidad.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios