la ciudad y los días

Carlos Colón

Nazis absueltos

EL director Lars von Trier dice en Cannes: "Entiendo a Hitler. No puede decirse que sea un tipo estupendo... pero me cae simpático". Y el Consejo de Dirección del Festival lo declara persona non grata y le prohíbe pisar el certamen. Y aún escapa bien porque en Francia la incitación al odio racial está tipificada como delito y penada con hasta 45.000 euros de multa y cinco años de cárcel. Pero es que Francia es un país de tradición democrática mucho más pobre que España. Nosotros somos la reserva democrática de Occidente, los garantes de la ilimitada libertad de expresión, los que a través del Constitucional permitimos que los batasuneros se presenten a las elecciones y los que a través del Supremo absolvemos a los propagandistas del nacionalsocialismo y las teorías racistas u homófobas.

Ya pueden aprender los franceses de nosotros. ¿Qué importa que mientras ellos exportaban la Revolución en la versión napoleónica nosotros estuviéramos tirando del carruaje de Fernando VII, gritando "¡Viva las cadenas!" y forzando a 12.000 liberales a exiliarse -mira por dónde- en Francia? ¿Que ellos padecieran cinco años a Petain, tras perder la guerra contra los nazis, y nosotros 40 años a Franco? Viejas historias que no vienen a cuento. La Democracia somos nosotros, ¡qué caramba!, y lo demás son imperfectas imitaciones. Por eso los franceses le dan la patada a Von Trier por decir que Hitler le cae simpático y nosotros absolvemos a los propagandistas del nazismo.

Según la surrealista decisión del Supremo, aunque la conducta de los acusados "constituya una difusión de ideas favorables al régimen nazi, que en ocasiones incluyen justificaciones del genocidio, y de contenido discriminatorio", no pueden identificarse como una provocación "a la discriminación, al odio o la violencia contra grupos" raciales, étnicos o religiosos. Maravilloso. En España es posible difundir ideas nazis de contenido discriminatorio y que justifiquen el genocidio sin que ello sea una provocación a la discriminación o el odio racial. Pura magia potagia jurídica hispánica.

Por lo tanto no hay delito en la edición de Mi Lucha, la negación del holocausto, el antisemitismo o la afirmación de que la homosexualidad es una "desviación producida normalmente por una enfermedad sexual" que puede suponer un "peligro para la raza". Apelando al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, nuestro Supremo afirma que "la libertad de expresión extiende su cobertura al denominado discurso ofensivo e impopular", incluidos "los supuestos discursos de odio". Apañados estamos entre el Supremo y el Constitucional.

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