Fragmentos

Juan Ruesga Navarro

Neorrománticos

HACE unos días estaba tomando un café en Madrid, en una de esas nuevas pastelerías, con aire informal, de muebles reciclados y colores claros. Un cierto aire de obrador con  varias mesas de las que tenían nuestras abuelas en las grandes cocinas de otro tiempo. Cuencos para la mantequilla, el yoghurt y las mermeladas. Nada de porciones envueltas en papel de aluminio y envases de plástico. Cultura del reciclado. Fruta, zumos, infusiones. Un frente de vitrinas mostraba una apetecible bollería y dulces de todo tipo. Algo de chocolate, algo de fruta para llevar. Una pizarra anuncia que puedes tomar  algunas ensaladas y bocadillos de pan integral. Y mucha gente joven. Parejas, padres jóvenes y pequeños grupos de amigas. La mayoría de ellos  desayunaban relajadamente mientras conversaban o leían  periódicos o revistas, que tomaban de un estante bien surtido que el local ponía a su disposición.  El servicio amable y solícito. Miré a mi alrededor al notar una sensación agradable que no lograba identificar.  De repente me di cuenta de que uno de ellos se parecía a Delacroix en su autorretrato. Más allá una joven de melena larga y rizada  me recordó  un perfil prerrafaelista, como salida de un cuadro de Rossetti. La atmósfera y las gentes me hicieron  pensar en algo que me da vueltas por la cabeza hace tiempo: ¿y si estamos conviviendo con un neoromanticismo y aún no lo vemos?.

De vuelta a Sevilla, me encontré en mi mesa una invitación de la Academia Sevillana de Buenas Letras para asistir a unas Jornadas Becquerianas. En  el convento de Santa Clara estos días podemos contemplar  bellos objetos y documentos en una exposición sobre  los primeros años de Bécquer. El entusiasta profesor e investigador Enrique Valdivieso, en colaboración con su colega José Fernández López, ha presentado su libro Pintura Romántica Sevilla. Estupendas propuestas que me hacían aún  rondar más sobre la idea de la vigencia del pensamiento romántico en nuestros días.  

Cómo en el siglo XIX es una reacción a un mundo que plantea un exceso de racionalismo como única regla de actuación. Una manera de sentir el hombre, la naturaleza y la vida. Luchar contra un mundo ordenado y preestablecido. Expresar ideas auténticas y sinceras. Descartar lo convencional. Respeto medioambiental. Lo emotivo como  valores  dominantes frente al discurso de la razón. El nuevo territorio del inconsciente, incorporado al análisis científico. Son generosos e idealistas. Son jóvenes. En algunos pueden ser rasgos superficiales de una moda pasajera. Pero está bien que los modelos no sean los impuestos por los grupos dominantes. 

Fíjense bien en el retrato de Gustavo Adolfo que pintó su hermano Valeriano. El poeta joven, tiene el pelo largo, con rizos oscuros y un tanto desordenados. Bigote fino y perilla. Una mirada fija. Rasgos suaves pero una decisión tomada: realizar todos los sueños de un poeta que lleva en su interior el ardor del Romanticismo. Cernuda dijo que la obra de nuestro poeta romántico  "...creaba una nueva tradición que llega a sus descendientes". Yo también lo creo.

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