Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Paisajes

LA crisis va modelando cada día el paisaje de la depresión, sus tipos humanos, su panorama de esperas, la estética, en fin, de la penuria y la angustia. Y sólo estamos al comienzo. Las tiendas han colocado los letreros de los descuentos mucho antes del inicio de las rebajas. Los porcentajes de los carteles parecen gritos desesperados, el clamor de los vendedores para espantar el fantasma de la sequía. En las esquinas empiezan a despuntar, junto a los pedigüeños del violín, los nuevos mendigos, casi siempre inmigrantes. Piden sin mucha convicción. Van al encuentro del transeúnte. Flexionan con torpeza el brazo y ladean ligeramente la mano, atenazados por el pudor o por el miedo, y murmuran unas palabras doblemente ininteligibles: por el acento extranjero y seguramente por la vergüenza.

En las oficinas de empleo hace tiempo que empezaron a germinar como plantas enredaderas las colas de parados. Todo está en rebajas, o lo estará de continuar el avance de la depresión en los próximos meses, incluida la dignidad laboral de quienes aspiran a mantener o encontrar un empleo. Ya no se pide o se reclaman unas condiciones de trabajo, sino que se aceptan resignadamente, sin rechistar, las que hay establecidas. Es todo bien triste. Dice UGT que algunos expedientes de regulación de empleo son aprovechados para soltar lastre. También la retórica política está, a su modo, en rebajas. Las medidas planteadas por el Gobierno para paliar los efectos de la depresión y, en particular, de la caída del empleo son incidentales, exiguas, pero en apariencia no hay otras o nadie aún las ha expuesto con la debida claridad. Quizá porque no existen o porque electoralmente el simple esbozo tendría un coste excesivo.

Este fin de semana, el responsable de Economía del PP, Cristóbal Montoro, volvió a la carga y dijo, con razón, que son medidas "paliativas, no curativas". Pero ¿cuál es la fórmula curativa de la crisis? Si Montoro o alguien la sabe debería comunicarla para su debate y adopción. Pero Montoro no sugiere ni esboza ese gran remedio que él y su partido aparentan conocer. "El Gobierno lo que quiere es tapar el paro como sea y lo que ha hecho ha sido improvisar unos paños calientes", ha dicho. Y luego ha añadido: "Estamos, en definitiva, en pan para hoy y hambre para mañana". Los dirigentes del PP no contestan cuando se les pregunta si esos remedios alternativos pasarían por un abaratamiento (más rebajas) del despido y una devaluación de las condiciones de contratación.

Y mientras la crisis despliega sus vastas propiedades, los inspectores de Hacienda tratan de descubrir el rastro sutil de los millones billetes de 500 euros desaparecidos en los agujeros negros de la economía. O de la conciencia económica.

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