Crónica personal

Pilar Cernuda

Papelón

HEMOS hecho un papelón. De qué a Felipe González le habrían dejado fuera de una reunión importante cuando ocupaba la presidencia de turno en la Unión Europea, o a José María Aznar; pero es que en tiempos de González y de Aznar pintábamos algo en Bruselas, mientras que ahora, con Zapatero, España no existe ni siquiera cuando ocupa la presidencia rotatoria. Y que no nos vengan con que desde la aprobación del Tratado de Bruselas la presidencia rotatoria ha perdido peso al haber un presidente del Consejo, en este caso Van Rompuy. El presidente del Consejo y Zapatero mantuvieron una reunión a principios de año precisamente para compartir las responsabilidades durante este semestre. Compartir, no dejar fuera al presidente de turno. Y si Zapatero no acudió a la reunión más importante de la cumbre económica fue porque no le convocaron; y si además de no ser convocado no mueves un dedo para entrar en una reunión en la que tenías todo el derecho a entrar y, por tanto, nadie hubiera podido impedir que estuvieras allí, pues evidentemente quedas fuera. Aunque luego intentes colocarte medallas durante la rueda de prensa anunciando que formaste parte de los encuentros más relevantes. Pues no. No formaste parte de los encuentros más relevantes. Porque no te llamaron y porque no hiciste nada por acudir.

Zapatero tiene un problema añadido a la evidencia de que niSarkozy ni Merkel ni Van Rompuy ni Durao Barroso dan excesiva relevancia el jefe de gobierno español, y es que desde hace un año el equipo Zapatero había centrado su política exterior en el semestre europeo. Es más, en su estrategia política, en su estrategia electoral, contaban con que la imagen del presidente iba a salir muy reforzada de esa presidencia de turno, aparecería al lado de los más influyentes líderes mundiales y encabezaría iniciativas que pondrían de relieve su sentido del Estado. Sin embargo, en el mes y medio que ha transcurrido desde que asumió la presidencia rotatoria ha recibido una sonora bofetada cuando Obama declinó su invitación a asistir a la cumbre UE-Estados Unidos, lo que en Bruselas se ha puesto en la columna del debe del presidente español, se ha cuestionado a todos los niveles la política económica del Gobierno español, y ahora se margina a Zapatero de la reunión económica más importante.

No se trata sólo de que el desconocimiento de idiomas impide a Zapatero formar parte de las conversaciones privadas en las que se toman las grandes decisiones en la UE. González y Aznar se arreglaron con la ayuda de intérpretes o con un buen conocimiento del francés en el caso de González y regular del inglés en el caso de Aznar. El problema es más profundo: durante años a Zapatero le importó un bledo la política europea y ahora, cuando llega el momento de ser presidente de turno, a los grandes de la UE les importa un bledo Zapatero.

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