Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Seguro de sol, seguro de lluvia

MI amigo Ricardo Suárez, pintor de profesión, se va de vacaciones a Berlín. Un buen destino según mi amigo el filósofo Juan Antonio Rodríguez Tous, por tres motivos: la juventud de su población, la abundancia de sus espacios verdes y ser una de las pocas ciudades del mundo que no tiene orden de cierre de establecimientos porque la gente sabe divertirse sin molestar. Rodríguez Tous, Nono para los amigos, va a viajar estos días de Múnich a Viena.

No sé si a Ricardo y a Nono les ofrece alguna agencia de viajes una indemnización por cada día en el que, contraviniendo los lugares comunes sobre el frío centroeuropeo, se topen con días soleados. La compañía Lufthansa ofrece hasta el próximo 18 de agosto un seguro de sol a sus clientes que incluye la devolución de veinte euros diarios, hasta un máximo de 200, por cada jornada lluviosa en sus destinos vacacionales al sur de Europa. Las precipitaciones deberán superar los cinco milímetros por metro cuadrado. Nada de sirimiri.

Yo firmé un aval para realizar un reciente y gozoso viaje por Alemania. Fui a una ciudad que no dejaba de moverse llamada Wandernburgo, la misma a la que llega el protagonista de la novela El viajero del siglo con la que Andrés Neuman ha ganado el premio Alfaguara. Una historia alemana con una ventana granadina. El protagonista es un traductor jacobino que encuentra su particular madame Bovary. Llueven lágrimas en la novela. Los libros se comunican con el exterior por insólitos arbotantes. He aquí dos de los más curiosos de este viaje alemán sin seguro de lluvia.

Mi concuñado Víctor es amigo de leer a los autores alemanes en su idioma. Le ponderé las virtudes de la novela de Neuman y le decía que era una pena que siendo argentino el autor la ambientara en una época en la que los ingleses todavía no habían inventado el fútbol. Seguí la lectura del libro y el autor habla de algunos de los principales terratenientes de su ficticia ciudad: los Rummenigge, los Klinsmann, los Vöeller. Un argentino no podía resistirse a esa tentación. Jürgen Klinsman marcó el gol inaugural del Mundial de Estados Unidos el mismo día que Eslava Galán ganaba el premio Andalucía de novela con El comedido hidalgo. El otro arbotante es más barroco. El traductor y su amante se entregan a la traslación de lenguas en una posada. Llega el turno de la poesía española. Traducen un conocidísimo poema de Quevedo sobre la fugacidad de la vida. Me llama mi hermano Juan y me dice que se va de crucero por el mar Báltico. Salían de Copenhague, pero la víspera iban a pernoctar en Villanueva de los Infantes. El pueblo manchego de uno de los expedicionarios bálticos y donde está enterrado el látigo de góngoras y olivares. Polvo eres...

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