el periscopio

José Ignacio Rufino /

Los 'déjà vu' que fabrica la crisis

HACE unos 30 años, en el norte de Italia, la que era entonces mi novia me pasó el teléfono para que saludara a una amiga suya. Sin mediar palabra, la chica me soltó, con esa cara dura que no provoca enfado tan típica de los italianos: "¿Y llevas bigote y camisa blanca, entonces? ¿Puedes cantarme algo de Julio Iglesias?". Muy partidario de las camisas blancas, nunca hubiera llevado un bigote, ya hacía tiempo que se habían dejado de llevar entre la gente sesentera y greñuda. Y me hubiera dejado arrancar las uñas antes de entonarme por Julio. Fue precisamente el padre de aquella novia, industrial milanés, quien, tras un viaje a Barcelona para buscar mercado en España, me dijo: "Una cosa para echarse a llorar", hablando de las empresas y fábricas que visitó en nuestra cabeza de ratón industrial. Éramos entrañables, al menos en la superficie, pero, la verdad, no éramos nadie.

Mucho cambió la imagen de España en el mundo desde entonces, hasta convertirse en un lugar dinámico y hasta con cierto chic. Nuestro turismo -la única verdadera vaca competitiva que puede anclarnos y hacernos sobrevivir en el tremebundo presente- se sofisticó y poco a poco se diversificó. Nuestros hijos comenzaron a viajar cada verano lo que nosotros habíamos viajado en toda una vida: los españoles estaban por todos lados, comprando y haciendo fotos con cámaras réflex y bermudas de Tapiocca, o subiendo al Himalaya. "Volviendo a Praga; soy muy de Praga" y cosas así. España tenía grandes empresas privadas o privatizadas que ponían soberbias e insultantes picas en nuevos Flandes, ahora latinoamericanos y hasta británicos. ¡Algunos españoles incluso hablaban inglés fluido! España tuvo más móviles que nadie, muchas teles, coches y motos; dos viviendas por familia (y por pagar); buena ropa con su diseñito, Zara destrozaba a Benetton y Sisley, el Santander colocaba su logo por todo Londres, la selección pasaba de cuartos, teníamos pilotos de F-1, buenos grupos y actores en Hollywood. Almodóvar… y Garci.

La crisis remueve los trapos y rasca la apariencia sacando jirones con manchas de esencia antigua, a saber, todo calentito de esta semana: el Consejo de Ministros, que presentó los presupuestos más austeros y faltos de maniobra de la historia que uno ha vivido, aprobó un "Real Decreto por el que se concede la Gran Cruz del Mérito de la Guardia Civil a su Patrona la Virgen del Pilar". Con todos los respetos para la Patrona y el Cuerpo, no dirán que no es curioso. Cayetano me manda un comentario el viernes: "[Un periódico respetable] habla del contubernio rojo extranjero por el reportaje Austeridad y hambre del judaico New York Times; Rajoy hablando de Gibraltar en la ONU; Vidal Quadras pidiendo la intervención de la Guardia Civil en Cataluña". Bendita casta.

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