A tiza

Pilar / fuertes

El escenario

PASEANDO por La sastrería de Navarro Antolín con Carlos Telmo me siento en una frase que me llama a ello. El gran relaciones públicas, nacido en Ronda, no quiere salir de Sevilla, rechazando ofertas al estrellato profesional nacional, e incluso mundial. ¿Victorio y Lucchino salen del Barrio de Santa Cruz hacia New York? Bueno, sólo un ratito. Ya lo dicen ellos: "Hay que pagar el precio de oír los vencejos por la tarde". Y don Antonio Burgos... prefiero morir de un tiro en Sevilla que de una depresión en Suiza, cuando volvió de allí obligado a quitarse de enmedio tras librarse de milagro de un atentado de la ETA (eso cuentan...). Y ese Herrera (Herrera no hay más que uno y a ti te encontré en la calle) que empezó a acariciar a Sevilla y terminó haciéndole el amor, ni Lord Byron. La madre de los Machado salió hacia el exilio con una pregunta en sus labios: "Hijo, Antonio, ¿queda mucho para Sevilla?". Irónico, ¿verdad? Cuántos, después de la Expo, decidieron en vez de vivir aquí unos meses quedarse "pa toa la vía". La lista de personas que se rinden ante esta ciudad es larga. La querencia, amamantarse. Porque ya lo dijo César Cadaval, que tiene un color especial. Y revuelvo la frase por nos da un color especial. Un color que perdemos al alejarnos de ella. Y no es ya que echemos de menos a Sevilla, es que nos echamos de menos a nosotros mismos por sus calles, por sus plazas, entre su gente. Fuera llegamos a ser otros. Distintos. Exagerando, Jekyll y Mr. Hyde.

Pero a veces qué mal se porta Sevilla con los que más le han dado. Vayan al Pateón de Los Sevillanos Ilustres. ¿Sabemos dónde está? En la calle Laraña, en un sótano casi vacío de visitantes. Una agravio al lado del Panteón de París. Y quizá sea esto parte de su encanto, por qué no. Quizá tener tanto agota y con tres cosas vamos tirando. Filosofía del miarma más miarma. Porque hay que entender que en Sevilla los sentidos escasean, necesitamos más de cinco. Y ya que estoy en esto de miramos tanto el ombligo, hagámoslo del todo y bien. Que al final va tener razón Pérez Reverte: "Todo aquí es ficticio, excepto el escenario. Nadie podría inventarse una ciudad como Sevilla". Sin embargo, Arturo, la realidad puede superar la ficción.

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