RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez Azaústre

Una ilusión

HACE ya varios años, una noche que pudo ser, quizá, algo parecida a la de hoy, una mujer despierta tras un sueño. Un espesor sonámbulo le cuelga de los párpados, atiborrados de cansancio y horas, de sábanas y frío; pero despierta, ha tenido un sueño y se frota los ojos. Rápidamente va hacia el escritorio y anota una cifra no demasiado larga, junto a una fecha inequívoca: 22 de diciembre. Esto lo tiene claro, 22 de diciembre. Poco después cierra otra vez los ojos, trata de recordar, de encontrar lo que falta, el año de esa fecha, pero es imposible. Después, superado el aturdimiento, la resaca del sueño y la inquietud, abre la puerta de su dormitorio y corre a avisar a sus familiares, como una exhalación.

En los días siguientes, toda la familia se moviliza en busca de ese número. Todos, al parecer, han razonado y convenido que la fecha que se le ha aparecido a esta mujer en el sueño es, con toda seguridad, el boleto ganador de la Lotería de Navidad. La fecha, 22 de diciembre, que ella recuerda bien, parece concluyente, y la cifra, en la que no ha dudado ni un solo dígito, ni aún después de escribirlo, quizá grabado ya de forma vitalicia a su memoria, debe de ser el número premiado. Faltan todavía unos días para el sorteo, así que tienen tiempo de encontrarlo. Rastrean las administraciones de Lotería Nacional de toda España, mientras se va acercando el 22. Finalmente, dan con el boleto en Tenerife y compran todos. Casi nadie se atreve a decir nada, la familia permanece tensa, y ella, la mujer del sueño, casi evita mirar hacia la tele. Sin embargo, concluye el sorteo del 22, y sale el Gordo de Navidad, y no les toca nada. Ni la pedrea: nada.

Sin embargo, al año siguiente todos deciden volver a buscar el mismo número, como una tradición incorporada a todas las liturgias anteriores. Muy fácilmente dan con él, pero tampoco toca. Pasan varios años, quizá un lustro, tal vez una década, estos datos no son del todo exactos. Alguna vez piensan en cambiar el número; pero, ya de forma afectiva, socarrona quizá, siguen buscando el número y jugando, sin esperar nada, desde luego, pero siguiendo ya con la costumbre. Hasta que, este último día 22 de diciembre, día del sorteo de la Lotería de Navidad, les ha tocado. El gordo, o podríamos decir también El Gordo. La identidad de la familia no ha sido desvelada, pero una hermana de la mujer del sueño lo contó en la radio. Al final, resulta que el anuncio de ese tipo calvo era verdad.

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