La gandinga

Rosa G. / Perea

No quiero que se acabe esto

YA empiezo a sentir en la piel el requiebro que tiene el color sepia de la pena. Quizás ustedes también lo han notado y de sobra saben de lo que les hablo. Es ese desangelado sabor que deja el auspicio del final. Ese desconsuelo que notas en el pecho cuando el almanaque te evidencia lo que tú no quieres saber aunque lo presientas. Horas derretidas como blandos relojes dalinianos que persisten en la memoria deshaciendo los nudos del tiempo. Y éste, implacable, cruel, derrama la luz soberbia y elegante de la tarde del Domingo de Ramos que perfila el comienzo del final. Porque la mañana en la que te pones tus zapatos nuevos dispuesto a buscar las miradas dulces de las dolorosas detrás de la candelería apagada, es la mañana en la que ya se termina todo. Y vestidos de color evitamos que la enlutada melancolía nos robe el azul de un cielo hecho jirones por el verde las palmas.

Sevilla entra a lomos de una borriquita en el punto final de su cuaresma.

Y no me avergüenza decirlo a los cuatro vientos: Yo no quiero que se acabe esto.

No quiero que los naranjos me nieguen el azahar al amparo del calor. No quiero dejar de sentir el presentimiento de las plumas blancas el día que mis armaos recogen su ropa. No quiero dejar de ver dibujadas las ojeras que tanto embellecen a las camareras que desgranan el sueño vistiendo a su Virgen de Regla. No quiero dejar de llegar a mi casa con la ropa impregnada de sones de cera e incienso, al amparo de un mostrador que sabe de levantás más que nadie a golpe de vasos. No quiero que acabe esta cuarentena que amamanta mis deseos y mi Esperanza.

Porque mis años son cuaresmas con intermedios de poco más de diez meses. Y si, llámame jartible, o llámame provinciana, que no me importa. Porque yo quiero caminar el resto de mis días recortándome la silueta en la foto a contraluz que dibuja a Sevilla en cuaresma.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios