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rafael / sánchez Saus

El regreso de Cataluña

HAN sido unos meses maravillosos en los que casi parecía que Cataluña era una región normal de esta España tan poco normal. En este país de locos las cosas de Cataluña tienen un pasar si la actualidad nos distrae con otros paisajes y paisanajes y los señores Mas y Junqueras no ocupan, como les gusta, todo el escenario. Entre otras cosas, la irrupción municipal de los anarco-comunistas de Podemos -que cada día nos parecen más anarcos y menos comunistas-, sus menudas ocurrencias y su alegre montaña rusa demoscópica nos han entretenido y divertido muchísimo. Y es que, dónde va a parar, uno se iría de tapas por la Viña con Tere y Kichi mucho antes que a comer una escalibada con el matrimonio Pujol. Así es posible soportarnos unos a otros y todos a Cataluña, aunque hoy le monten una pitada al Rey y cada poco nos amenacen con enviarnos al cobrador del frac.

Pero no hay bien perdurable y ya tenemos otra vez a Cataluña abriendo todos los telediarios y noticieros, acaparando portadas y monopolizando tertulias. Algo pasará allí el 27 de septiembre y ya no pasa nada en ningún rincón de las Españas. Nos esperan dos meses de sobredosis, de ese tedio oceánico que tan bien supo plasmar don Eugenio d'Ors, de sesudos análisis de cada parida soberanista, de negros augurios, de sutiles maniobras de pescadería con estelada en la puerta. Y nadie quiere darse cuenta de que seis meses de normalidad informativa sobre Cataluña han supuesto un descenso del independentismo como no se recordaba desde la entrada de Franco en Barcelona, que la única obsesión de Mas es copar portadas y telediarios como única forma de mantener en marcha la bicicleta en la que se ha subido y de la que ya no se puede bajar. Leo que en cuatro años seis mil cuatrocientas empresas han salido de Cataluña hacia otras partes de España. Dicen que es por miedo, pero yo sostengo que es por aburrimiento, salud mental, imposibilidad de seguir soportando la matraca catalanista ni un minuto más.

Hay quienes, muy comprensiblemente a mi entender, proponen boicots comerciales como señal de rechazo social a una política basada en el rencor y el desprecio. Pero, créanme, lo que de verdad les duele a estos pobres hombres es que nadie les eche cuenta, que la noticia esté en Vigo o Almería y no en su cosita plebiscitaria y tal y tal.

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