La ventana

Luis Carlos Peris

Sobre unas sorprendentes reivindicaciones

REIVINDICAR a Marchena o a Vallejo en el flamenco es como si a alguien le da por hacer lo propio en el fútbol con Di Stéfano o en el toreo con Ordóñez. Le tengo ley al hijo del gran Juan Valderrama desde aquellas tardes maestrantes en que su padre le dejaba el abono y se convertía en vecino de localidad en el 4. Me pareció siempre un chaval encantador que abría los ojos como platos en su indudable afán de aprender y, dicen los que le tratan, que así sigue siendo. Humilde y nada pretencioso, sin embargo no acabo de comprender cómo se lleva al escenario una reivindicación de figuras enormes que no necesitan ser reivindicadas. Cierto es que hubo una época en que las voces blancas estuvieron despreciadas por un mairenismo furibundo que no admitía lo que quedaba fuera de sus concepciones. Pero eso se ha superado y una reivindicación de semejantes artistas suena muy extraño, la verdad.

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