Plaza nueva

Luis Carlos Peris

Qué triste es esta Navidad

DECIDIDAMENTE, la Navidad viene como una canción más triste que nunca. De toda la vida, estas fiestas han tenido un halo de tristeza que venía por una carga de nostalgia y no menos de añoranza por los que ya no se sientan en la gran mesa de Nochebuena. Siempre fue así, que el gozo y la alegría se trufaba con la tristeza por el recuerdo de los que faltan, pero en esta Navidad pasa que la tristeza es más triste todavía. No es que el gozo se trufe con esa tristeza que nunca faltaba a lista, sino que estamos ante unas fiestas sin nada de fiesta, o con muy poco de fiesta, que tampoco es cuestión de descartar un ápice de alegría al son de campanilleros y con fondo de villancicos. Pero se masca en el ambiente una carencia de lo más básico y que nos van a estallar en la cara unas Navidades sin nada que agradecerle.

Estamos en los umbrales de unas Navidades como con sordina, que hasta esa luz que engalana nuestras calles está en consonancia con el estado de ánimo. Una luz tan mortecina como el ánimo, tan fría como el comportamiento de los mercurios en el otoño más frío que recordamos. Y son éstos como daños colaterales, como convidados no de piedra sino con una carga de protagonismo indudable, muy a tono con la película que se desarrolla. Una historia de colas ante los comedores sociales como no se conocían desde la dura y negra posguerra, colas interminables y del mismo calibre que las que están surgiendo ante el Inem. Me decía ayer una abogada laboralista que no da abasto, que los clientes han brotado como brotan las setas en las umbrías tras un buen chaparrón. La crisis, puñetera crisis en la que no han intervenido los que ahora son sus víctimas, tiene la culpa de todo, que hay que ver lo bien que viene una crisis para mandar gente a ese pudridero maldito que es la cola del paro.

¿Qué habrán hecho los que no manejan la barca para que sean los primeros en palmar con la dichosa crisis? Por todo esto, la Navidad de 2008 viene con una tristeza que no es por la añoranza del pasado sino por la crueldad del presente. Insisto en que la nostalgia hacía de la Navidad una canción melancólica porque en el fragor de la fiesta uno miraba a cierto lugar de la mesa y sólo encontraba el hueco. En esta Navidad de comidas de empresa suspendidas en número espectacular, la tristeza no viene por ese hueco en la mesa, sino por una mesa inexistente en muchísimos casos. Y no la mesa de los que nos han llevado a esta situación de miedo y de frío, no, sino la mesa de los que nada tienen que ver con la catástrofe. Navidad de 2008, canción triste y temerosa por las carencias y por la incertidumbre, porque quién, visto lo visto, es capaz de asegurarle al personal doliente que lo peor es esto y no lo que está por llegar.

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