el poliedro

José / Ignacio Rufino

El turista gay, un orgullo

Mientras que el sector turístico en su conjunto crece apenas un 3%, el turismo homosexual lo hace a un lustroso 10%

LA homofobia se cura bastante bien cuando uno puede ser beneficiario directa o indirectamente de los dineros de los homosexuales (en adelante, y según la sigla al uso políticamente correcto y ante todo integrador, LGTB, o sea, el colectivo de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales. Uno apostaría a que la sigla irá creciendo de número de letras). El turismo LGTB es una estrella del sector turístico, el nicho dorado de los segmentos de ese mercado, más pequeño que el chino pero mucho más rentable considerado turista a turista. Y España come unos dos días cada semana del turismo, de forma que no puede permitirse ignorar las necesidades y peculiaridades de una personas que, convertidas en viajeros de ocio y placer, gastan, según diversos estudios realizados en el mundo occidental, unos mil euros más que el heterosexual medio en su periodo vacacional. Y no se conforma con cualquier servicio: cada vez más este segmento exige mayores y mejores prestaciones asociadas a su visión de la vida y su forma de relajarse y divertirse.

Un ejemplo de cómo el dinero desatasca intolerancias o fobias -y lo que haga falta- es que Ciudad de México, capital del país de los más purititos machos, un país tradicionalmente tenido por homófobo, lucha por convertirse en el destino de referencia para celebrar bodas gais; la web destinada a tal promoción es un dechado de ofrecimientos, facilidades y peloteos varios a quienes antes eran, en general y en el caso de los hombres, putos sin más. Si usted tiene un hotel, unos apartamentos turísticos, un restaurante, una tienda de souvenirs, cualquier negocio situado en zona transitada por elegetebian@s, haría bien en desterrar las habituales mofas, ironías, groserías o insultos al uso, que tan nuestras han sido y todavía siguen siendo con respecto a ellos, ellas y demás. El turista LGTB, con excepciones, sabe cuál es el poder de su bolsillo y de sus lobbies; no busca ya esconderse o camuflarse, y no se conforma como otros muchos con las 3 bes de "Bueno, Bonito y Barato"; se queda con las dos primeras, y pide servicio enriquecido y adecuado a ciertas pautas de este colectivo.

Los gobernantes regionales y locales, sin distinción de credo religioso ni color ideológico, se apuntan a la estrategia de diferenciación en su promoción turística enfocándose también al target LGTB: o sea, dándole al turista gay medio lo que requiere (que, ya se ha dicho, no es "cualquier cosilla"). Es un hecho socioeconómico que el homosexual, siempre en términos medios, cuenta con mayor renta y gasta más que el heterosexual. Según la Cámara de Comercio Internacional de Gais y Lesbianas -existe, sí-, "hay entre 39 y 45 millones de gays en 12 países con alto poder adquisitivo: EEUU, Canadá, Alemania, Francia, España, Suiza, Dinamarca, Austria, México, Reino Unido, Nueva Zelanda y Brasil. En España hay 3 millones de gays, con una capacidad de compra de 72.000 millones de euros. Estos datos implican un salario neto medio de 22.000 euros para los gays, superior a la media nacional, en torno a los 19.000 euros. En todos los estudios, se señala al colectivo LGTB como un segmento con mayor capacidad de gasto al tener menores cargas familiares y disponer de mayor renta para consumir en sí mismos". Una revista de referencia en el sector turístico, Hosteltur, ofrece los siguientes titulares sobre este asunto: "Fiturgay cumple 5 años", "La Confederación Española LGTB informa a 1.200 agencias de los destinos peligrosos para homosexuales", "El turismo gay crecerá más de un 10% este año", se refiere a 2014, en el que el sector agregado creció un 2,9%; "Extremadura [Canarias, Almería] apuesta por el turismo gay"; "Madrid acoge la Convención Mundial del Turismo Gay". ¿Es para sentirse orgulloso o no es para sentirse orgulloso?

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