"La familia se llevaba muy bien, eran gente normal"

  • Los vecinos del fallecido supuestamente a manos de su hijo no daban crédito a lo sucedido en Los Pinares de Oromana.

Los Pinares de Oromana es una urbanización de chalés de clase media-alta ubicada en el extrarradio de la ciudad de Alcalá de Guadaíra, por lo que las familias instaladas tienen garantizada la independencia y la privacidad. Pero, después de años viviendo en la zona, los vecinos se acaban conociendo, y la familia de A.D.G., el hombre supuestamente asesinado ayer por su hijo, “era normal”. “No me lo esperaba, porque son gente muy educada”, señalaba Luisa González, cuyo chalé está situado justo enfrente del de la familia del fallecido. No ocultaba su consternación, sobre todo porque, según detallaba, el joven detenido es “muy educado, es ingeniero y trabaja en Barcelona”.

Los coches empezaron a pasar por el número 3 de la calle Pino Marítimo pasadas las 11.30, ya que antes –resaca de Nochevieja– las calles y carreteras del municipio estaban vacías. Al ver el coche de la Policía Nacional y a los medios apostados en la puerta, no tardaban en preguntar qué era lo que había pasado. La respuesta que esperaban era que habían robado, pero la cara se les cambiaba cuando se enteraban de la noticia. “No puede ser, esto es increíble”, repetían una y otra vez.

Un matrimonio de avanzada edad y amigo de la familia fue el que dio una pista: “El padre estaba mal de la cabeza, llevaba varios años de baja laboral”, apuntó Rafael Ramos sin bajarse del coche, que a duras penas podía atravesar la calle, cada vez con más vehículos aparcados. Otros vecinos se acercaban al domicilio a pie, aunque sin querer llamar a la puerta, como era el caso de Juan Burgos. Tras enterarse de lo sucedido, sólo podía articular dos palabras: “¡Qué barbaridad!”. “Parecían muy normales; de hecho, no han tenido ningún incidente con ningún vecino”, apostilló.

Otra vecina sí se acercó al domicilio visiblemente afectaba. Llamó al telefonillo y se presentó. Respondió la viuda, quien le dijo, entre sollozos, que era mejor que se fuera.

Poco a poco, la independencia fue transformándose en cercanía, y todos los vecinos que se asomaban no dudaban en hablar de la buena reputación de la familia. “Nos hemos quedado helados”, decía Antonio Díaz, que como todos los alcalareños celebraba en familia el inicio del nuevo año.

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