"Deberíamos atender la salud mental de los jóvenes en paro"

  • El impacto del trabajo en la salud, por exceso o por carencia, es analizado por este catedrático emérito dedicado al estudio de la Filosofía de la Salud

Nacido en Oviedo, es psiquiatra, neurólogo, psicólogo y psicosociólogo. Conoció bien Andalucía como catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica de la Universidad de Sevilla en los años 70 y lo fue de la Universidad Complutense en los ochenta. Ahora en su libro ¿Por qué trabajamos?, analiza el modo de poder organizar vida y trabajo sin dejar la salud por el camino.

-El trabajo puede ser motivo de felicidad o de infelicidad. ¿Nos volvemos locos sin necesidad?

-Existen cuatro sectores que se interconectan en lo que podríamos denominar proyecto vital: el social centrado en la amistad y el amor; el sueño, el trabajo y el tiempo libre. Esto es posible ahora, que tenemos tiempo libre y el trabajo dejó de ser una maldición. Acabamos con la maldición bíblica de parirás con dolor y trabajaras con el sudor de su frente". Hoy día podemos parir sin dolor. El trabajo era un oprobio, para malditos o esclavos. Los cambios tuvieron lugar en el siglo XIX fruto de una revolución laica tecno científica.

-¿Qué hace falta para no ver perjudicada la salud a cuenta del trabajo?

-Ser dueños del trabajo. Asumir una labor como tarea propia, tomada con interés personal y responsabilidad. El trabajo puede acarrear alienación, estrés y frustración. Algunos con un trabajo apropiado y bien remunerado acaban frustrados.

-¿Y estar parado?

-Ahí hay que diferenciar dos cuestiones: aquellos que no trabajan porque nunca lo han hecho y aquellos que han perdido su empleo. Una de las cosas que he repetido en ocasiones es que un sistema sanitario debería tener unidades para atender a las personas jóvenes en paro. Durante décadas se ha visto bien cómo en Estados Unidos se producía una relación muy estrecha entre el crecimiento de las cifras de desempleo y el aumento de casos de trastornos mentales, suicido y delincuencia. Es un suceso trágico en la vida de una persona. Una tragedia que abarca a toda la familia, hasta incluso convertirse en una patología de grupo con circunstancias precisas que inciden en, por ejemplo, el intento de suicidio o el alcoholismo.

-¿Existe el estrés traumático por este motivo?

-A la frustración de un deseo se suma la privación de un derecho y a ello se añade la marginación social. Todo eso supone un estrés traumático en el afectado. Aparece la desorientación, una tendencia a la incredulidad, ansiedad, temores e incluso violencia como respuesta por la frustración experimentada. A medida que la falta de trabajo se prolonga en el tiempo, se va apoderando del sujeto en cuestión una sensación de un duelo irreparable y se van disipando las esperanzas de reorganización vital, lo que explicaría la incidencia de depresión entre los desempleados que no saben o no pueden reaccionar.

-¿Y la obsesión por el éxito?

-Es importante diferenciar al adicto al trabajo de la persona muy trabajadora. Estas últimas se caracterizan por su capacidad para disfrutar de esas labores tanto como disfrutan su tiempo libre. Los adictos, sin embargo, se convierten en adictos al estrés. Generalmente esa adicción está ligada a la búsqueda de factores personales relacionados con la imagen, el poder y la recompensa. Al contrario que en el otro perfil, estas personas no gozan de buenas relaciones con sus jefes o compañeros de trabajo.

-¿Cree que esto se tiene claro en los departamentos de recursos humanos de las empresas?

-No lo sé, pero evidentemente es básico para una buena gestión de recursos humanos. Algunas empresas están sumidas en un concepto taylorista y otras tienen un perfil más humanista. Está más que demostrado que un entorno favorable en el trabajo favorece la productividad.

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