Medicina rural, doble cara

  • Para 35.000 profesionales de la salud, su práctica diaria tiene poco que ver con las "guías de superespecialistas" · En el medio rural sobra aislamiento, faltan medios y "toca hacer de todo".

Aislamiento, carencia de medios y polivalencia" son las tres principales características que marcan el ejercicio de la medicina rural española. Así lo subrayó José María Borrel, médico del oscense Centro de Salud de Ayerbe y coordinador de la Guía de Buena Práctica Clínica en Urgencias en el Centro de Salud Rural, la número 54 editada por la Organización Médica Colegial (OMC) desde 2004. Según el vocal de médicos de Atención Primaria Rural, Josep Fumadó, en ese ámbito trabajan 35.000 profesionales sanitarios repartidos en municipios con menos de 15.000 habitantes. La mayor dispersión poblacional se da en Castilla y León, Asturias y Galicia.

El presidente de la OMC, Juan José Rodríguez Sendín, confirmó desde su propia experiencia la tradicional insuficiencia de medios -"hace 25 años pedíamos depresores para poder ver la garganta a los niños, o jeringas y agujas de un solo uso"-, que obliga a atender una urgencia ginecológica "solo con un maletín"; a abordar un posible infarto lejos del hospital y "con la familia angustiada alrededor"; o a asistir a un paciente atrapado en su coche tras un accidente sin apenas "nada para aliviarle el dolor". "Esto no tiene nada de novela, esto es así", remachó.

No es fácil ejercer la medicina rural en esas condiciones, y más si, como apuntó Borrell, el hospital está a una hora y el transporte sanitario puede tardar otra hora. Además, añadió, "nos toca hacer de todo" por falta de personal auxiliar, y "tenemos que solventar la urgencia con rapidez para poder atender otra". Y sin olvidar la idiosincrasia de la población, que a veces "te pide que no la mandes al hospital ni a la ciudad". En este sentido, la gran especialidad de los médicos rurales es que "conocemos a la persona enferma", lo que permite una "atención integral a la salud" en la que "tratamos al paciente y a todo el entorno, e incluso en su propia casa".

Por eso la guía, que pretende dar respuesta práctica a cada pregunta del profesional, llena "un hueco que solo podemos cubrir los que estamos trabajando en el medio rural", remarcó. Como dijo el también coordinador de la obra Enrique Capella, médico del oscense Centro de Alta Resolución -este modelo agrupa distintos niveles asistenciales- de Fraga, las "guías de superespecialistas no nos valen", porque tienen poco que ver con su día a día. Pero no todo son dificultades. También brilla una cara positiva, que Borrel refrendó con un rotundo "somos los que mejor nota sacamos en las encuestas de calidad", porque "aportamos el contacto humano" y la gente "lo valora más que una ecografía". El presidente de la OMC señaló que "en 25 años hemos recorrido muchísimo más espacio que en todos los siglos precedentes", y recalcó que "el medio rural da muchísimas satisfacciones". Eso sí, para poderlo valorar, "hay que saberlo", y hace falta "pedagogía entre los colegas y explicarlo a las autoridades".

Rodríguez Sendín distinguió dos grupos principales en la medicina rural, uno de profesionales "de paso" y otro de gran "vocación". Y es fundamental, añadió Borrel, "conseguir el asentamiento de profesionales para que haya continuidad asistencial". Él mismo advirtió de que "o se incentiva, o serán plazas de segunda", antes de sugerir dos clases de estímulos, "económicos o con méritos". Fumadó abogó por la "discriminación positiva", por ejemplo "empezando por el medio rural la innovación tecnológica". Y Esteban Sanmartín, médico del oscense Centro de Salud Monzón Rural y coautor de la guía, añadió la recomendación de hacer "el reciclaje MIR en centros rurales", porque "a nadie le gusta lo que desconoce".

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