Domingo de Resurrección

La Campana se llena un Domingo de Resurrección

  • El último estreno de la Semana Santa llegó con la cofradía de Santa Marina, que se vio acompañada de numeroso público con su nuevo horario

Aplausos por doquier. A la cruz de guía, al primer y al segundo pasos. Aleteo de palmas en la mañana de Pascua al llegar la Resurrección a la Campana. Se estrenaba horario. Y casi escenario. Atrás quedaban las imágenes de aquella cofradía que entraba en lo que quedaba de carrera oficial con una hilera de personas, despuntando el día y tras una madrugada casi solitaria desde Santa Marina. Este año todo era distinto. Un cambio que acabó en triunfo.

La Resurrección ha hecho suya la mañana y la tarde de la Pascua. Dejó a un lado la noche -a ello ha contribuido el cambio horario- y se adentró en las claritas del día. Tres cuartos de entrada en la Campana al llegar la cruz de guía. Todo tipo de público hacía uso -gratuito- de las sillas de Quidiello, que aún permanecían en el lugar, como cualquier otra jornada más de la Semana Santa. Como, quizá, siempre debió haber sido, pero nunca fue. Hasta ahora. Uno de los principales estrenos de la Semana Santa no se descubrió hasta entonces.

El público no dudó en aplaudir cuando los nazarenos pidieron la venía en el palquillo. Allí se encontraban, entre otros, el alcalde de la ciudad, Juan Espadas; el delegado diocesano de hermandades, Marcelino Manzano; el presidente del Consejo de Cofradías, Joaquín Sainz de la Maza; el vicepresidente de esta entidad, Antonio Piñero, y el secretario, Carlos López Bravo.

Llegó el paso del Señor Resucitado. Luego vino el de la Virgen de la Aurora, auténtico prodigio de la orfebrería. El último palio que pasó por la Campana en una mañana jubilosa en la que numerosos sevillanos se echaron a la calle a disfrutar de las tradiciones propias del día. Una de ellas es acudir al besapié del Cachorro y del Nazareno de la O, ambos en Triana. Otra, cerca de la carrera oficial, ir a la Iglesia de la Anunciación, donde la priostía del Valle ofrece todos los años una estampa decimonónica: la Dolorosa del Jueves Santo acompañada de San Juan y la Magdalena.

En San Antonio Abad se celebró la tradicional Misa del Azahar con la que la Archicofradía del Silencio celebra la Pascua de Resurrección. Los niños pajes repartieron el azahar que lució el paso de palio durante la Madrugada. La eucaristía estuvo presidida por el sacerdote Pablo Colón Perales, hermano antiguo de la corporación, que en su homilía tuvo un mensaje de ánimo y fortaleza para los hermanos más jóvenes tras los sucesos de la Madrugada.

Esos incidentes siguieron centrando las conversaciones de los cofrades en este día que sirvió de epílogo a una semana intensa de emociones. Una celebración pletórica en lo meteorológico y en el número de incidencias hasta que llegó la Madrugada, que rompió todos los esquemas.

Queda toda la semana de Pascua para debatir. Al menos, la mañana de Resurrección nos reconcilió con la fiesta. La despedida, además, se alargó hasta las 17:30, cuando en Santa Marina entró el palio de la Aurora. Ahora toca disfrutar de la espera. Una víspera de 344 días.

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