¿Podrán?

  • El autor, más allá de referir los detenidos, fija las causas de los desagradables sucesos de la pasada Madrugada en la sociedad, en la política y en la degradación de las conciencias

El Señor del Gran Poder en el interior de la Catedral./A.PIZARRO El Señor del Gran Poder en el interior de la Catedral./A.PIZARRO

El Señor del Gran Poder en el interior de la Catedral./A.PIZARRO

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Dicen que solo el pueblo que desconoce su historia es capaz de cometer dos veces los mismos errores. Y sin embargo desde este inicial postulado surgen las primeras interrogantes. ¿Cuál es nuestra historia, de pasado y de presente, cuáles esos errores y cuáles, si es que las hay, las posibles soluciones? Voy a procurar no incurrir en denuncias infundadas, ni en sentimientos en caliente que solo al odio o al integrismo conducen, ni a dejarme llevar por noticias, mensajes o comentarios que tan poco aportan precisamente por eso. Pero tampoco es momento de renunciar a nada, ni de olvidar, ni de orillar las más hondas causas de cuanto ha ocurrido o está ocurriendo. Y aunque todavía instalado en la indignación y la rabia, legítimas, y en la duda y la confusión, inevitables, me resisto a transmitir resignación o impotencia. Por eso, desde la serenidad a que me gustaría llamar debe uno comenzar por serenarse y tratar de ordenar ciertas cosas que el caos y algunos métodos espurios han conculcado. No obstante también desde ahora respondo a la cuestión que da título a estas líneas escritas a vuelapluma con un rotundo y contundente no. No podrán.

Por fuerza he de remontarme a la triste madrugada del año 2000 que para mi desgracia hube de vivir con tanta intensidad como cercanía. Y es así porque, lamentándolo profundamente, aquello se cerró en falso y ya se sabe que de aquellos polvos estos lodos. Tan malo es resentir irreflexivamente como consentir con candidez, pero disentir es siempre positivo si se hace desde la madurez y el razonamiento. ¿Supimos algo de las razones y fines de aquellos sucesos?; ¿quién y para qué los promovió?; ¿cómo reaccionamos después ante los mismos?; ¿qué ha ocurrido luego para que todo se repita diecisiete años después?

Lo de esta Madrugada no ha sido gratuito y lo que vivimos la de 2000 la estábamos temiendo

Solo tengo la certeza de que ha sido precisa la conjunción de factores, de toda índole, para que la reiteración esté llamando a las puertas del abandono y el abatimiento. Y eso sí que no vamos a tolerarlo si es que de verdad tenemos claro el sentido último de lo que somos y lo que hacemos. Y lo que hacemos no es sino proclamar nuestra Fe, defender nuestras tradiciones, resistirnos al sistemático no pasa nada, y elevar la voz de una vez por todas del permanente atentado a que estamos sometidos por parte de los nuestros y de los que no lo son tanto. ¿O es que a alguien se le oculta el cometido de los populismos, la permanente permeabilidad de los políticos, la indiferencia social, la progresiva relajación de valores y el escaso entusiasmo a que en nuestros jóvenes mueve la Religión? Y todo eso permitido y alimentado por la debilidad y los más innobles intereses.

Asistimos hoy a las más extravagantes y condescendientes manifestaciones, actitudes y argumentos con los que se abonan tan perversas consecuencias. Cabalgatas de orgullo "colega", para las que se fletan autobuses y se aforan plazas, cesiones onerosísimas en maléficas tendencias abortistas, eutanásicas y últimamente hasta en cuestiones rechazadas por toda la Europa civilizada y firme, vientres de alquiler, panteísmos, globalizaciones, todo es relativo, y todo a precios que van mucho más allá de unos votos cautivos o de programas engañosos. ¿Merecemos sentirnos representados por quienes trafican con nuestros principios y creencias?; ¿recibimos cuanto de verdad significa la confianza que depositamos en nuestros gobernantes?; ¿por qué ceder ante quienes no lo hacen con nosotros?; ¿es ésta la sociedad que deseamos y estamos construyendo para mañana?; ¿dónde las libertades y hasta dónde las más ignominiosas concesiones y alianzas?.

Lo de esta Madrugada no ha sido gratuito y, lo que es peor, hasta creo que los que vivimos la del 2000 la estábamos temiendo. Las hermandades son Iglesia católica, seguimos a Jesucristo que por cierto es tan nuestro como de todos, mal que le pese a muchos, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, y Él vendrá, que nadie lo dude, a juzgar a vivos y muertos, Maranatha. Ese es el único mensaje que hoy me consuela y que lanzo a todos sin distinción, a los teóricos paladines del bien, a los hijos del mal, publicanos, fariseos e indecisos, a los mercaderes y a los falsos profetas, y a todos los que de un modo u otro toman el nombre de Dios en vano.

A cuantos así creemos, porque en ello hemos sido educados y tratamos de transmitir, y me consta que en Sevilla somos legión, les confieso que en nuestro presente somos frágiles y vulnerables. Pero no pueden poder con nosotros porque nos asiste la verdad y la razón. Y que nadie se engañe ni se deje engañar. Lo de esta Madrugada no son hechos aislados, por muy bien que a algunos les haya venido que hubiera delincuentes con antecedentes en las calles, porque no son ellos ni los organizadores ni los protagonistas más interesados en tales hechos. Busquen las razones en la sociedad, en la política, en la obsesión por degradar las conciencias, en los pérfidos dicterios de personas y grupos zafios, resentidos, servidores y sicarios del odio y el engaño aun a fuer de encontrar en ellos rostros, dogmas y consignas de sobras conocidos.

¿Razones? El miedo les hace iguales al menos a los demás, al tiempo que disfrazan sus miserias y mezquindades si bien con una diferencia esencial: ellos ignoran, desafían o combaten la única Verdad, Jesucristo y su Evangelio. ¿Soluciones? Algunas relativamente fáciles y factibles: protocolos de seguridad en las hermandades, más atención y amparo a la buena fe de cuantos siguen amando y haciendo de esa noche la más grande de Sevilla, claridad y ejemplo en el mensaje de la jerarquía eclesiástica, contundencia y rotundidad en las autoridades, y otras más complicadas pero alcanzables aún en esta sociedad y estos tiempos: mucha Fe y más Esperanza.

Quiero por último felicitarnos a los hombres que proclamamos el Amor al Señor y la bonhomía como nuestra particular hoja de ruta porque Él ha resucitado por todos y para todos, y también a nuestras hermandades y cofradías, muy en particular a mi Hermandad del Gran Poder, y a nuestro Consejo General, por la compostura, la serenidad y el testimonio que un año más regalaron por la ciudad. Así pues, miremos a nuestro alrededor, desterremos a los mercaderes, que los hay y muchos aún entre los que se dicen nuestros, confiemos en su Misericordia, única razón y verdad a la que nos debemos, y lo demás se nos dará por añadidura.

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