TEMPLOS LAICOS

El rincón de Quintín

  • Miguel Gómez tiene junto a su mujer Gregoria un bar decorado con obras cofradieras de su suegro

"Todo lo que ves lo ha hecho mi suegro". Miguel Gómez regenta junto a su mujer, Gregoria Gil, un bar cofradiero en Montequinto. "Más que un bar es un museo", explica Miguel refiriéndose a las paredes, donde el arte manual de Quintín Gil se hace patente. En El Rincón Cofrade hay pasos en miniatura con nazarenos delante, una colección de cruces de guía, romanos jugándose a los dados la túnica de Jesucristo o un espectacular cuadro en relieve del Cachorro.

Miguel, parte de la guardia judía de la Milagrosa, cuenta que este proyecto nació hace 12 años. Su esposa le propuso montar un bar cofradiero en la calle Estrasburgo de Montequinto, a 11 kilómetros del nazareno de los Gitanos, una de las imágenes que más se venera en este establecimiento que huele a incienso, suena a Semana Santa y sabe a cuaresma. "Somos freiduría, pero también tenemos platos típicos de este tiempo como el bacalao con tomate o las espinacas con garbanzos".

Este espacio cofradiero tiene detalles para estar horas y horas analizando cada esquina, pero hay uno que destaca entre todos ellos. Se trata de una mesa que ocupa un lugar preferencial dentro del local. En ella hay objetos que resumen la vida de cualquier familia cofradiera. "Este costal es de mi hermano, estas sandalias son de mi suegro del Calvario, estas mantillas son de mi mujer y mi hija". Estos objetos, símbolos de la Semana Santa de Sevilla, configuran un homenaje a la tradición. El mimo con el que están colocados se repite en las paredes, en el techo de palio del vestíbulo o en las réplicas de retablos cerámicos de los Gitanos que dan la bienvenida al cliente en la puerta del bar. En la puerta de El Rincón Cofrade.

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