Con la Amargura por testigo

  • La Dolorosa estuvo presente en el cierre del proceso en la Catedral y ante ella terminaron ayer los actos · Benedicto XVI recordó a la nueva beata en Birmingham

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Ante la Virgen de la Amargura se celebró la clausura del Proceso Diocesano sobre la Vida, Virtudes y Fama de Santidad de María de la Purísima de la Cruz. Era el 15 de noviembre de 2004. La Dolorosa de San Juan de la Palma había sido trasladada a la Catedral con motivo de los actos del 50 aniversario de su coronación canónica. Con la Virgen, devoción personal de Santa Ángela y Madre María de la Purísima, como testigo de excepción, las religiosas sellaban con lacre una caja en la que se guardaron todos los testimonios de las personas que declararon durante que aquella hermana de la Cruz había sido una santa en vida. Ayer, fueron las religiosas las que devolvieron la visita, y ante la Virgen de la Amargura, en San Juan de la Palma, iglesia a la que tantas veces dirigió sus pasos Madre María de la Purísima, finalizó la procesión con la que se cerraban los actos de su beatificación.

En el presbiterio de la iglesia, la Amargura esperaba a las hermanas de la Cruz como si de un besamanos se tratase. La Virgen lucía la corona de oro de salida, y prendida de su saya la "corona" de Madre María de la Purísima, que es el rosario que llevan las hermanas de la Cruz, y que se distingue de los tradicionales por tener siete misterios y ser de mayor tamaño. Desde que falleció Madre María de la Purísima en 1998, la Amargura luce cada Domingo de Ramos su corona. Tras la Virgen, la hermandad había dispuestos dos cuadros con los retratos de Santa Ángela y Madre María de la Purísima.

La procesión con la imagen de la nueva beata tallada por Miñarro que se venerará en la Casa Madre, partió de la Catedral nada más terminar la misa de acción de gracias. Unos 100 hermanos de la Amargura formaron en un cortejo en el que las religiosas iban escoltando a la que fue su Madre General.

Cuando las andas mandadas por Alejandro Ollero comenzaron a moverse al pie del altar del jubileo las hermanas que copaban los bancos de la Catedral irrumpieron en un gran aplauso que fue seguido por todos los asistentes. Los vítores a la nueva beata y las ovaciones a las religiosas jalonaron todo el recorrido procesional, que duró apenas dos horas, tiempo en el que no cesaron los cantos.

En el Ayuntamiento esperaba el alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, para realizar la ofrenda floral de la ciudad a su nueva beata. Como representante de la oposición se encontraba el concejal del PP Gregorio Serrano, que mostró su malestar porque no habían recibido ninguna convocatoria para el acto. La procesión continuó por la Plaza del Salvador y la calle Cuna camino de Feria. Los fieles acompañaron a la comitiva en todo momento.

A la hora fijada, las 14:00, las andas con la beata cruzaban el dintel de la puerta ojival de San Juan de la Palma. Las hermanas se fueron colocando en el presbiterio rodeando a la Amargura. La Madre General, Sor Reyes de María, portaba la vara de hermano mayor. Cuando llegó hasta la Virgen se colocó a su lado y se quedó limpiándole la mano tras los besos de sus hermanas.

El momento más emotivo tenía lugar cuando las religiosas entonaron el himno en honor a Madre María de la Purísima: "Dichosa tú que fuiste siempre fiel siguiendo a Cristo en gozo y en dolor y sirviendo con amor a los más pobres. Tu vida fue entrega y donación".

A miles de kilómetros de San Juan de la Palma, en Birminghan, el papa Benedicto XVI también se acordó de la nueva beata al término de la ceremonia de beatificación del cardenal Newman: "Deseo enviar mi saludo al pueblo de Sevilla, donde ayer fue beatificada la Madre María de la Purísima de la Cruz. Que la beata María inspire a las jóvenes a seguir su ejemplo de amor incondicional a Dios y al prójimo".

De vuelta en Sevilla, el arzobispo Asenjo habló al término de la eucaristía de acción de gracias sobre una futura canonización de la recién estrenada beata: "El proceso es el mismo y ya está hecho. Para dar el paso hacen falta dos milagros más. Invito a los sevillanos a que pidan al Señor para que lleguen".

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