Los Javieres

Austeridad estilo calle Feria

  • El silencio del gentío presente en el templo, sólo roto por las saetas, marcó la salida

Javier se llama como su padre, como su abuelo y como la cofradía de la que es hermano desde que nació. Ayer, una hora antes de que Los Javieres salieran a la calle entró por el lateral de la parroquia como acompañante de su hija, "que continúa con la tradición y sale de nazarena", señaló el hermano.

Fueron muchos los que, como Javier, una hora antes de la salida del Cristo de las Almas y María Santísima de Gracias y Amparo se apostaban a las puertas de la iglesia del Omniun Sanctorum.

Los más preparados para "aguantar el tirón" en la dura jornada del Martes Santo, los que tras la valla jugaban a las cartas y comían bocadillos sentados en unas cómodas y sofisticadas sillas de tela a la espera de la apertura de las puertas del templo. Con sus hijos y los amigos de éstos, Rocío llegó de las primeras, porque "aunque siempre la veo entrar, este año hemos preferido verla salir".

Diez minutos antes de lo previsto, la cruz de guía pisaba la calle. El negro de las túnicas y capirotes inundó de inmediato la Feria. "No sabría decir el porqué del fervor y devoción a esta cofradía, pero desde hace veine años nunca he dejado de venir, sólo un año que estuve ingresada no pude hacerlo", comentó emocionada Aurora.

Con el cortejo ya en la calle y en espera del cristo de Los Javieres, los curiosos desviaban la mirada hacia el interior del templo en busca del paso de misterio del Carmen Doloroso, que hoy realizará su estación de penitencia desde la misma parroquia.

El murmullo se convirtió en silencio cuando el Cristo de las Almas asomó en la puerta ojival. Enterrado en el monte de claveles hasta los tobillos y a la voz del capataz, "poquito a poco" los costaleros salvaron con limpieza las puertas del templo. Ni un aplauso, ni música que le acompañase exceptuando las dos saetas que le dedicaron. Con la misma sobriedad, la Virgen de Gracia y Amparo traspasó el dintel, con el esfuerzo de sus costaleros que de rodillas pusieron en la calle a su titular. Una escena que sí arrancó los aplausos, hasta ahora contenidos, de los que un año más la esperaban.

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