El Poder de dos imágenes

  • El Señor de Pasión se trasladó en la tarde de ayer a su paso procesional en una ceremonia presidida por el arzobispo Asenjo · El Gran Poder recibió en su basílica los besos de cientos de fieles y devotos.

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Hay una Semana Santa íntima. Distinta. Alejada del bullicio y la cornetería imperante en estos tiempos. Con una tarde metida en agua, de porcentajes de precipitaciones apabullantes, de alerta amarilla, de inexplicables retrasos, y de más incomprensibles, aún si cabe, salidas imposibles pese a que se sabía que iba a llover, se pudo comprobar en dos actos que se celebran en el interior de las iglesias. Lejos de esa Semana Santa laica, sin Dios, que aflora inexorablemente en esta fiesta en la que lo importante es el andar del paso, el solo de la corneta, el estreno de turno, o el salir a toda costa. El Gran Poder, majestuoso, en su besamanos. El Señor de Pasión, serenísimo e impactante en la subida a su paso procesional.

Muchas personas se acercaron hasta San Lorenzo y la Colegial del Salvador para vivir estos momentos únicos de la Semana Santa. Muchos acuden todos los años a esta citas marcadas en rojo en el calendario íntimo del cofrade. Otros, por mor de la lluvia, los habrán descubierto este año. A las 17:00 comenzó la misa previa al traslado de Pasión, presidida, un año más, por el arzobispo Asenjo. El Salvador se llenó por completo de fieles y devotos desde una hora antes del comienzo de la celebración. Algunos, con el pinganillo en la oreja, permanecían atentos a las noticias que llegaban desde San Gonzalo y el Beso de Judas. Muchos aprovecharon el tiempo para disfrutar de la belleza cargada de melancolía que lucían los tres pasos de la Hermandad del Amor. Impresionante la Virgen del Socorro tras la magnífica estación de penitencia del Domingo de Ramos.

Justo al paso de palio de la Dolorosa, un grupo venido desde Málaga comenta la jugada: "En Málaga los  traslados son por la calle. Los llevan desde la iglesia a la casa de hermandad". Una afirmación difícil de comprender por estos lares. También hablan de las diferencias estéticas de los pasos (en Málaga tronos): "Allí los de palio llevan candelabros de cola detrás y delante".

Video: Javier Gotor

A las 17:00 comenzó la eucaristía presidida por el arzobispo. En ese momento, la pandilla malagueña se marcha. "Anda, que antes hay una misa...". Asenjo comenzó su homilía mostrando su agrado por estar por tercer año consecutivo presidiendo la misa y el traslado: "Es una satisfacción estar aquí, ante esta espléndida imagen, en un acto de sobrecogedor y lleno de unción sagrada". El prelado sevillano destacó en su plática la actitud de la Virgen y de San Juan en la pasión de Cristo y animó a los presentes a seguir su ejemplo: "Ellos no huyeron y se quedaron a contemplar el duro trance del Calvario. Permanecen voluntariamente al pie de la cruz".

Antes del comienzo de la subida al paso, el arzobispo también espetó a vivir los misterios del Señor con "hondura, contemplación y participando de la liturgia". También animó, como ha recordado en muchas ocasiones, a no quedarse en los superficial para ahondar en el meollo de la celebración: "La estación de penitencia no es una manifestación cultural, ni un espectáculo de interés turístico. Es un acto de piedad, catequesis y evangelización. Es, además, un complemento a la participación en el triduo pascual".

Finalizada la misa, comenzó el traslado del Señor al paso. Sobrecogedor el tránsito de la imagen por las naves del Salvador con la única luz tenue que entraba por las vidrieras. La subida al paso fue eterna, aunque en los relojes de los presentes apenas durara un par de minutos. "Qué tensión", se escuchó cuando los priostes aseguraron al Señor en el paso. Ni un sólo murmullo, ni un comentario, ningún gesto de más. Se cumpliero las palabras con las que inicio el arzobispo su homilía: un acto de sobrecogedor silencio y gran unción religiosa.

En San Lorenzo, la cola de devotos para el besamanos del Señor no menguó ni siquiera al mediodía. Muchas personas buscaron refugio y consuelo en la basílica ante la lluvia y la falta de cofradías. En la calle, los lazos morados denotaban la necesidad que hay en Sevilla del Señor. En el interior de la basílica todo estaba igual que siempre. El Señor de Sevilla en el centro llenando el presbiterio, adornado, tan sólo, por los claveles rojos oscuros, unos blandones con cera tiniebla, las palmas del Domingo de Ramos y el gran tapiz ocultando el altar. Muchos rezos y súplicas ante el Señor de Sevilla. Y muchos comentarios elogiosos de la restauración del paso.

El Gran Poder y Pasión protagonizaron los momentos más íntimos de un triste Lunes Santo. 

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