La Sed

Saeta a cubierto en Nervión

  • La cruz de guía de la hermandad alcanzó la residencia de San Juan de Dios y regresó por culpa del aguacero

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Dos veces en veintinueve años. Es el número de ocasiones en que la cofradía de Nervión ha dejado de hacer estación de penitencia a la Catedral. La estadística no es mala, aunque algunos vean el vaso medio vacío. "Segunda vez en tres años. Pero menos mal que nos hemos quedado en casa", dice José Manuel Navarro, que es costalero del paso del Cristo de la Sed. Este año la lluvia no se apiadó del Miércoles Santo, que es el día tradicionalmente más respetado por los caprichos de la primavera. El día amaneció lleno de nubarrones, pero la hermandad confiaba en que no rompieran en agua. Las ganas de Nervión empujaron al hermano mayor de la Sed a poner la cruz de guía y los primeros tramos de nazarenos en la calle. "Comienza la estación de penitencia", decía en el interior de la parroquia de la Inmaculada el hermano mayor, Francisco Javier Escudero. La decisión se había aplazado alrededor de media hora. Al menos, iba a intentarse.

Las perspectivas, sin embargo, no eran buenas. Las referencias meteorológicas de Huelva, que hace las veces de Meteosat cofradiero, señalaban con claridad que la jornada estaba metida en agua. Con los primeros nazarenos de Nervión en la calle las gotas comenzaban a caer en otros distritos de la ciudad. La cruz de guía llegó a la residencia de San Juan de Dios, antaño punto final de la estación de penitencia de la cofradía cuando aún no salía del barrio. Pero la lluvia era lo inevitable ayer y el Señor de la Sed sólo avanzó unos metros en el interior de su templo. Rápida rectificación del hermano mayor, al que se le quebró la voz pidiendo perdón a los hermanos por confundir deseos con realidad. Y rápido regreso de los primeros nazarenos de la corporación nervionense. "Es la gran decepción del año dejar de ver a la Señora de los ojos azules", dice Manuel Márquez, un costalero que recuerda que pertenece a la cuadrilla alta de la Virgen de Consolación. En el bar la Sed se reúnen costaleros y nazarenos y todos hacen de meteorólogos improvisados. "Con la lluvia de hoy, te digo que no sale este año el Silencio", comenta un costalero. Nervión se queda este año sin procesión, pero el personal tiene muchas ganas de ver a sus titulares. La hermandad abre de par en par las puertas del templo a las dos menos veinte y en él se vive emoción y devoción. Hay señoras que salen de la parroquia con la cabeza baja y lágrimas en los ojos. Han pasado ante los titulares de la hermandad. Una saeta resuena en el interior del templo.

El hijo de Javier Portillo, que viste la túnica de la hermandad como su padre, ha nacido con la estrella mediática. "Lo tuvimos el día en que el Gobierno aprobó la ayuda de los 2.500 euros y lo grabaron por televisión en el Hospital Infanta Luisa. Ya ha sido, con ocho meses, entrevistado dos veces". La familia Navarro permanece al completo en la parroquia. Tres generaciones de hermanos reunidas. Josefa Real y Manuel Navarro, vecinos de Ciudad Jardín y hermanos desde la fundación de la Sed, se casaron en la parroquia de la Inmaculada. Su hijo José Manuel, que ha llevado durante 25 años al Señor, lleva en brazos a su nieto, vestido también de costalero con sus 20 meses. El futuro es lo que cuenta.

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