El gozo de disfrutar del libro del Pregón

  • Antonio Burgos y Joaquín Moeckel llenaron de ironía el acto de presentación de 'Los días del gozo', el libro del Pregón

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Diferente hasta el último momento. Frente a la austeridad reinante en las presentaciones de las publicaciones impresas de los pregones anteriores, la de este año ha sido tan distinta que puede tildarse hasta de divertida, calificativo poco habitual en este tipo de actos cofradieros.

Tan poco habitual como que un pregonero sea aplaudido fuera de las tablas del Maestranza. Entró Antonio Burgos en el Teatro del Centro Cultural Cajasol y las palmas de los asistentes le dieron la bienvenida. Sobre la mesa que presidía el escenario el libro del Pregón: Los días del gozo. Título que resume en cuatro palabras las múltiples emociones de lo que se escuchó el domingo en el Maestranza. Siete días de gloria y la sensación de que todo el gozo pasa fugazmente. La vida misma.

El formato del libro editado por el Centro Cultural Cajasol recuerda a los libros de poesía sevillana de los años 50 y 60 de la pasada centuria. Austeridad al máximo. Ni una sola ilustración. El propio presidente de Cajasol, Antonio Pulido, lo dejaba claro: "No hacen falta. El texto está repleto de imágenes literarias".

El primero en tomar la palabra fue el "apoderado" del pregonero, Joaquín Moeckel. Cuarto y mitad de guasa con mucha retranca. La primera, preguntarle a Burgos por lo de ayer: "¿Fue niño?". Contestación del escritor: "Lo de ayer fue un desastre". Entiéndase aquí que no se referían al Pregón sino a los resultados electorales. El discurso de Joaquín Moeckel comenzó con una imitación onomatopéyica de Zerolo. El abogado supo hacer uso de la parodia sin caer en el ridículo. Ironías fueron y vinieron. Las risas se multiplicaron entre los asistentes (entre los que se encontraban grandes amigos del pregonero como Curro Romero y Carmen Tello). Moeckel fue desgranando cada una de las anécdotas que se han ido produciendo desde que Burgos fue elegido pregonero. Hasta se atrevió a cantar la copla de los campanilleros. Pero el golpe de efecto último fue el mejor: el pregonero le había dado envuelto en una bolsa del "Carrefour del Aljarafe" la primera edición impresa del Pregón.

La explicación de Burgos a la elección de este envoltorio fue muy sencilla (y hasta sentimental). En dicho centro comercial se encontraba cuando fue designado. Tampoco anduvo falto de gracia el pregonero. Para comenzar dijo que el hecho de que "Antonio Burgos vaya a dar el Pregón y le digan sinvergüenza es una tradición muy sevillana".

Aprovechó la ocasión para contestar a los comentarios que surgieron ayer calificando su Pregón de mitin. "¿Desde cuándo recordar los principios de la religión cristiana en un Pregón de Semana Santa es dar un mitin?". Y no dejó pasar la ocasión para rendir un homenaje a uno de los muchos poetas olvidados, Rafael de León, con el que se encontró más de una noche en ese teatro. Continuaron hablando el presidente del Consejo, Manuel Román; la delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto; y el presidente de Cajasol. Quedaba así presentado el libro del Pregón, de magnífica edición y contenido (e interesante capítulo de agradecimientos).

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